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Magnífica Magnifica Humanitas

[Artículo original publicado en el blog de Cristianisme i Justícia]  El 25 de mayo, después de un tiempo de espera y muchas ganas, pudimos leer la primera encíclica de León XIV. Una encíclica esperada y que había creado no poca expectación. 

Sabíamos de la preocupación del Papa por la situación antropológica. En diferentes ocasiones lo había manifestado: en la carta a los educadores, en el viaje a África… Aquí vuelve sobre el tema, aportando motivos de su preocupación y también propuestas —que no respuestas—.

Comienza con una frase —«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos»—, que nos recuerda a Fratelli tutti y la apuesta de Francisco ante el fratricidio de la fraternidad. 

En ese mismo inicio, nos hace volver la mirada a Jesucristo, referencia de plenitud para los cristianos y cristianas, rostro de la misericordia de Dios (Misericordia vultus). Al mismo tiempo, desde este anclaje que es el Cristo experimentado desde el Espíritu, fiel a su constante recuerdo y a las ganas de potenciar la Doctrina Social de la Iglesia, nos invita a colaborar en la promoción del «desarrollo integral» de cada individuo para identificar «nuevos caminos para el bien común».

Ya desde un inicio el Papa nos pone un marco referencial evidente: la oración y la fe en un Dios que es trinitario y, por lo tanto, relación; la caridad-misericordia como respuesta y clave a las necesidades de este mundo; y el deseo de generar unidad desde la fraternidad.

Busca el Papa los «nuevos asuntos», esas realidades que marcan el devenir de nuestro mundo. Y es aquí donde sitúa una preocupación personal: la cuestión de la técnica y la digitalización. Desde el inicio reconoce que esta no es contraria per se a la persona, pero en el momento actual su crecimiento exponencial abre nuevos horizontes que obligan a revisar y evaluar su impacto desde la perspectiva del bien común. Es un reto —dice el Papa— que «nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad».

La encíclica no pretende dar respuestas, sino «iniciar un discernimiento compartido» que nos ayude a buscarlas, reconociendo «la autonomía de las realidades terrenas y la distinción de competencias entre la comunidad eclesial y la política», así como también la de las diversas ciencias, con las que invita a establecer un «diálogo fecundo». 

Para ello, reconociendo el lugar «privado» desde donde nace este nuevo poder tecnológico, nos regala dos imágenes bíblicas que nos pueden ayudar en el discernimiento: la construcción de la torre de Babel (Gn 11,1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén (Ne 2-6). Con estas líneas, nos invita a superar «la idolatría del lucro» para «edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad». 

El texto nos regala, además, un repaso por la Doctrina Social de la Iglesia que nos ayuda a entenderla. Fiel a ella, León XIV nos ofrece puntos clave de discernimiento y evaluación de nuestra relación con las inminentes tecnologías. Son los diferentes principios de la DSI los que nos pueden ayudar a evaluar y situar dicho discernimiento: desde el bien común, el principio de la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. Esto converge, en un primer momento, en un «examen de conciencia para la Iglesia» desde donde trabajar y proponer respuestas. Sin duda, un gran trabajo de mirada ad intra para poder ser testimonio y propuesta ad extra. Una cura de humildad y honestidad.

En un segundo momento, solo después del recorrido que nos ha ayudado a recordar dónde estamos y para qué, se aborda el tema de la tecnología y se mira hacia esa IA tan hablada, tan usada y tan temida. Solo ahora podemos construir una batería de preguntas que nos permitan situar el tema a la luz del Evangelio y de la DSI para dar una respuesta que dignifique la humanidad.

Lo que el Papa expone sobre la cuestión tecnológica y la IA lo dejo para el lector. Me parece un enorme acierto el camino recorrido para abordarlo, y valoro este proceso como fundamental de cara a no dar respuestas rápidas. Solo desde una realidad consciente y patente se puede abordar un tema complejo en nuestro tiempo. Pero el camino para hacerlo nos puede ayudar a dar una respuesta serena y certera en nuestro mundo. 

Asimismo, la encíclica nos sitúa también ante los planteamientos del transhumanismo y del posthumanismo, recuperando la preocupación antropológica de la que nace el texto. Para responder, León XIV mira a aquello que nos hace ser más humanos, aquello que es reconocido desde una lectura teológica de las periferias, espacio para encontrar la verdad y reconocer la dimensión humana. Por eso, el texto continúa situando al ser humano, claro protagonista del texto, ante la realidad social que vive, y desde aquí responder a las necesidades actuales desde el cuidado en estos momentos de trasformación.

El texto y la propuesta en él inscrita nos pide tiempo, algo que parece que en este momento pasa antes de llegar. Sin embargo, puede ser la propuesta que ofrezcamos al mundo. Tiempo, pausa para pensar, situar, aclarar y potenciar la plenitud humana. Aquí —igual que en su viaje a África— destaca también el papel central de la educación y la escuela. Y vuelve sobre la economía, elemento clave a ser superado en su dimensión homicida —recordemos «la economía que mata del papa Francisco»— para devenir un elemento fundamental en el respeto a la dignidad. 

Magnifica Humanitas termina con un alegato a la libertad, una libertad vinculada a la formación de la conciencia —tal como solicita el Catecismo de la Iglesia católica y como anunció también en su viaje a África—. Solo desde esta libertad superaremos esclavitudes, nuevos colonialismos y comprenderemos la necesidad de sentirnos responsables con nuestros hermanos y hermanas en la edificación del bien común. Será la civilización del amor la que nos salve, y la que debemos construir los cristianos y las cristianas poniendo en el centro a las víctimas de este mundo. Como dice el Papa, «que cada cual se fije bien de qué manera construye» (1Co 3,10).

Invito a leer el texto con paz, detenimiento y disposición de conversión. Desde el Evangelio y la fidelidad a los aportes de la DSI, podremos empezar a pensar cómo construimos desde la realidad que tenemos y las nuevas situaciones que nos ofrece el mundo. 

 

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