La sinodalidad como profecía social
Santi Torres destaca, en un artículo de opinión aparecido en Iglesia de Barcelona, que el Documento Final del Sínodo sobre la sinodalidad no es solo un manual organizativo, sino que tiene una clara dimensión profética.
Así, la sinodalidad no consiste únicamente en mejorar la eficiencia de la Iglesia, sino que es una disposición espiritual que impregna toda la vida de los bautizados y la misión de la Iglesia, abriendo los ojos al sufrimiento del mundo e invitando a una participación activa y consciente en la historia humana. En este sentido, fijar la mirada en el Señor implica estar atentos a las necesidades e injusticias que nos rodean.
Torres subraya que esta dimensión profética tiene su fundamento en el Bautismo y evita que la sinodalidad se reduzca a cuestiones puramente administrativas. El Documento Final sitúa a la Iglesia en un contexto de crisis social y política: desigualdades crecientes, desilusión con los modelos de gobierno, tendencias autoritarias y un individualismo que margina a la comunidad. La llamada es, por tanto, a un compromiso consciente con la justicia, el cuidado mutuo y la responsabilidad compartida por el bien común, así como a escuchar especialmente a los más pobres y vulnerables.
Según Torres, interpretar la sinodalidad como profecía social permite que la Iglesia trascienda su propia estructura e influya en el mundo de manera transformadora. La sinodalidad se convierte así en una forma de vivir que testimonia la Resurrección de Jesús, promueve la reconciliación y defiende la justicia social. No se trata solo de tomar decisiones internas, sino de hacer del compromiso con la comunidad y el cuidado de la casa común un signo profético que contraste con los modelos dominantes de poder e individualismo.
Finalmente, el autor recuerda que, en momentos de crisis de la Iglesia y de la sociedad, incluso las acciones más pequeñas pueden tener un gran impacto. La amistad, la oración, el servicio a los pobres y el cuidado del medio ambiente, practicados desde la sinodalidad, adquieren un carácter revolucionario y profético. Su implementación depende de la participación activa de todos los bautizados, y es en la cotidianeidad donde la sinodalidad puede desplegar todo su potencial transformador, convirtiendo acciones ordinarias en signos extraordinarios de la fe viva.