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Forasteros: música que habla de fe, justicia y encuentro con el otro

Fer Sánchez-Ocaña

El grupo Forasters actuó el pasado 10 de enero en el encuentro presencial en Barcelona. Su actuación musical formó parte del cartel que el ISCREB ofrece para celebrar los 25 años de estudios virtuales de la institución. Entrevistamos a Fer Sánchez-Ocaña, alumno del ISCREB y miembro del conjunto musical.

¿Cómo nace Forasters y en qué momento decidís que la música sería vuestro lenguaje para expresar la teología?

Forasters nace a raíz de un viaje a Marruecos, a Nador concretamente. Allí, en 2019, con Àlvar Sánchez sj, vimos de primera mano lo que significa la crisis migratoria. Vimos personas que nos miraban con ilusión y, al mismo tiempo, con desesperanza, racismo, odio...

Esta experiencia fue fundamental y comencé a escribir canciones hablando de las sensaciones y pensamientos de aquel momento. Anteriormente, dos de los miembros ya habíamos cantado alguna canción en algún pequeño acto de la Iglesia, y a partir de este viaje las cosas cambiaron un poco.

Desde la escuela donde trabajo (Jesuitas Lleida) nos propusieron explicar el viaje en el claustro de profesores, y lo hicimos con música, lecturas, oración... Por primera vez, las canciones que había escrito cobraron vida; con el grupo las arreglamos y transformamos hasta llegar a lo que hacemos hoy en día. Así se puede entender nuestro nombre: Forasters, porque todos somos forasteros en este mundo y no tenemos derecho a tratar a los demás como si lo fueran más que nosotros.

¿Qué retos y oportunidades veis al hacer música teológica en el contexto cultural actual, a menudo marcado por la secularización?

Somos un grupo pequeño de tierras de Lleida, apenas hacemos 2 o 3 conciertos-oración al año. Nuestro público es siempre gente vinculada a la Iglesia o al menos nos ha escuchado en un ambiente eclesial, ya sea en una parroquia, un encuentro de la Delegación de Jóvenes, un encuentro apostólico... Aún no hemos tenido la experiencia de tocar ante un público ajeno a la religión; no sé cómo reaccionarían. Creo que, pese a las referencias teológicas en nuestras letras, el mensaje general se puede entender y aceptar. Tocamos para transmitir lo que dicen nuestras canciones, que busca ser el mensaje de Jesús; si lo conseguimos o no, ya depende de Él. Nosotros disfrutamos y hacemos lo que podemos.

En un mundo digital y cambiante, ¿cómo valoráis el papel de los estudios virtuales en la formación teológica y espiritual actual?

Sencillamente, creo que un medio que sirva para llegar a gente que de otra manera no alcanzaríamos es positivo. De otro modo, no podría estudiar teología y trabajar a la vez, pero gracias a los estudios en línea, incremento mi formación y se remueve mi fe.

¿Hay alguna canción de vuestro repertorio que conecte especialmente con el público de este tipo de eventos formativos o eclesiales? ¿Por qué?

No lo sé, no tenemos suficientes devoluciones para saberlo… Tal vez el Canto IV: a los ricos, inspirado en un cuaderno de Cristianisme i Justícia y a la vez en el Canto IV de Isaías, no deja indiferente; que te digan que nuestra vida acomodada es responsable de los males del mundo y que, si entras en el Reino de los Cielos, será porque los oprimidos te redimirán… supongo que toca por dentro.

También el villancico sobre la Virgen de Marruecos es muy nuestro y suele sorprender, sobre todo en ambientes más ortodoxos. La dualidad de nuestro Dios, tan grande y tan pequeño, omnipotente y encarnado… la presencia del Islam en algunas de nuestras canciones es influencia de esta conexión como “forasteros” que somos del mundo y de otras culturas y religiones. Sorprende porque están escritas como un todo, no como dos cosas juntas.

Mirando hacia el futuro, ¿qué caminos os gustaría explorar como grupo?

Si seguimos tocando y disfrutando, ya me parece bien. Estamos intentando grabar las canciones porque hay gente que nos lo pide, pero vamos al ritmo de personas que tenemos otras obligaciones y nos cuesta ser constantes.

¿Cómo se puede traducir una reflexión teológica en música?

Creo que la reflexión teológica necesita ambas cosas: reflexiones y palabras doctas, argumentos razonables, pero también poesía y música. La música no es mejor que un libro de Aristóteles o de San Agustín, pero también es necesaria para captar aquello que ni siquiera la música puede captar por completo. La autenticidad de algo no depende de su forma —prosa o poesía—, sino del espíritu que la impregna. Y claro, aquí debo decir que, pese a que nuestra música y letras vienen del Espíritu, no podemos compararnos con los tratados ni con la sabiduría de los Padres y Doctores de la Iglesia. Cada uno debe tener su lugar, y las instituciones, profesores y acompañantes deben saber calibrar la medida de cada cosa para el que quiere avanzar hacia Dios.

¿Qué ha significado para vosotros participar en el concierto de celebración de los 25 años de los estudios virtuales del ISCREB?

Tocar en la celebración de los 25 años de los estudios virtuales del ISCREB ha sido muy especial. Para mí, como estudiante, ha sido una oportunidad de mostrar una parte del fruto de mis estudios que quizás no es tan académica, pero que creo que es importante, al menos personalmente. Cada concierto tiene un tono especial, pero siempre hay un silencio respetuoso que también nos impresiona. Es bonito cantar letras con contenido teológico que sabes que el público entenderá e interpretará; las caras de la gente mostraban curiosidad a medida que leían las letras.

La teología a menudo se percibe como académica o distante. ¿Creéis que la música puede ayudar a acercarla a las personas?

La teología es una ciencia que, como todas, requiere interés, esfuerzo y paciencia infinita. La música puede motivar ese interés, pero sinceramente, la música es música. El título del concierto “Teología en canciones” lo propuse yo junto con Núria Caum, y cuando ella me dijo que le parecía bien, estuve de acuerdo. Después, cada día que pasaba me parecía más pretencioso, pero… ya estaba hecho.

Forasters canta y toca canciones con Espíritu, fruto de nuestra experiencia; a partir de ahí, que cada uno juzgue si le sirve para su vida, para acercarse a la teología o para cualquier cosa que ayude a la construcción del Reino. Y si no, que nos olvide y siga su camino por donde el Señor quiera conducirlo.

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