Josep Otón: “La recitación del Padrenuestro es para Simone Weil un ejercicio de atención sobrenatural”
[Artículo original aparecido en FLAMA] La Editorial Trotta acaba de publicar Sobre el padrenuestro, un volumen que recoge algunos de los textos más intensos y reveladores de la filósofa francesa Simone Weil (1909-1943) sobre la oración cristiana por excelencia. Antes de llegar a sus reflexiones, la edición incorpora una extensa introducción del filósofo, ensayista y profesor del ISCREB, Josep Otón, que sitúa estas páginas en el contexto biográfico, espiritual e intelectual de una autora que continúa interpelando el pensamiento contemporáneo con una fuerza singular.
Lejos de limitarse a una lectura académica o filológica, Otón reconstruye el momento vital en que Weil se adentra en el Padrenuestro como “una experiencia radical de transformación interior”, tal como se señala en la obra. En este punto, la introducción resigue los años convulsos de la Francia ocupada, cuando la pensadora judía, exiliada en el sur del país después de la entrada de las tropas alemanas a París, entra en contacto con figuras decisivas como el dominico Joseph Marie Perrin y el filósofo y escritor Gustave Thibon. “Aquellos encuentros —señala Otón a Flama— no solo marcarían su trayectoria personal, sino también el futuro de su obra”.
El libro se centra especialmente en el verano de 1941, cuando Weil trabaja en las tareas de la vendimia a la finca de Thibon, a Saint-Marcel-de Ardèche. Es en aquel contexto rural, físico y austero donde se produce una de las experiencias espirituales más decisivas de su vida, puesto que traduce el Padrenuestro directamente del griego y se lo aprende de memoria. Más tarde recordará que “la dulzura infinita de aquel texto griego” la conmovió hasta el punto de repetirlo incesantemente durante días, incluso mientras trabajaba entre las viñas.
Para Josep Otón, este episodio constituye mucho más que una vivencia devocional. A la luz del experto catalán, el Padrenuestro se convierte para Weil en el espacio donde confluyen las “grandes intuiciones filosóficas y místicas de Weil”, como por ejemplo la investigación de la verdad, la lucha contra la deshumanización, el sentido sobrenatural de la atención y la necesidad de un bien que transcienda los mecanismos ciegos de la historia. “Según Weil, el Padrenuestro es a la oración lo mismo que Cristo es a la humanidad”, admite Otón, antes de asegurar que la filósofa estaba convencida que “no es posible recitarlo atentamente sin que se produzca un cambio en el interior de la persona”.
Otón muestra como esta idea atraviesa toda la obra de Weil, es decir, desde su experiencia en las fábricas, donde denuncia la reducción del ser humano a pieza de un engranaje, hasta su vivencia espiritual, especialmente en la recitación del Padrenuestro, que se convierte en un espacio privilegiado de recogimiento y encuentro con la trascendencia.
La introducción que hace el barcelonés de esta nueva obra sobre la erudita francesa también subraya el contraste que Weil establece entre el trabajo industrial y el trabajo agrícola. “La fábrica simboliza, en este sentido, la despersonalización y la pérdida de sentido, mientras que el contacto con la tierra y el ritmo de la naturaleza abren la posibilidad del arraigo, el silencio interior y una atención contemplativa que hace posible la experiencia de la gracia”, apunta el barcelonés.
Finalmente, Otón pone de relieve que Weil entiende el cristianismo no como un sistema cerrado, sino como “una verdad en diálogo con otras tradiciones espirituales y filosóficas”. En este recorrido intelectual, el pensamiento griego, la mística cristiana y otras sabidurías antiguas convergen en una misma investigación, que es la unión entre verdad, belleza y experiencia interior de Dios.