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Esperanza en tiempo de muerte

A pesar de que estemos acostumbrados; ver ciertas imágenes de personas muertas junto a escombros - señal inequívoca de los rastros que deja una batalla que acaba de librarse-, nos pone los pelos de punta. Hermanos que se pelean por una ideología totalitaria y alienante que les impide darse cuenta de que son hermanos. Es absurdo, es la vanidad de las vanidades, es perseguir el viento (del hebreo Hebel), como diría  Qohélet.

Los cristianos seguimos un hecho realmente extraordinario, y a la vez humanamente incomprensible, especialmente ante guerras y pandemias como las que estamos viviendo en la actualidad: la vida triunfa sobre la muerte. En nuestras coordenadas la muerte es inevitable, es el final de trayecto. La podemos percibir más próxima o lejana, dependiendo de la experiencia que estemos teniendo, pero ciertamente es el final del segmento que suponemos nosotros en la cronología de este mundo.

Entonces, Jesús supera esta barrera, mueve esta montaña que físicamente es imposible de desplazar, rompe con todas concepciones sobre la finitud. Del mismo modo que hace andar y ver a los que están imposibilitados; nos regala un milagro que consiste en un más allá, que nosotros vemos imposible hoy. Es evidente que no podemos demostrar este hecho como si fuera el Teorema de Pitágoras, pero sí que lo esperamos, lo anhelamos con todas nuestras fuerzas.

Es realmente un misterio, no obstante, el Evangelio nos repite que la muerte no tiene la última palabra en este mundo: «En verdad, en verdad os digo que quienes escuchan mi palabra y creen en quien me ha enviado, tienen vida eterna; y en el juicio no serán condenados, porque ya han pasado de la muerte a la vida» (Jn 5,24). Es inevitable dibujar una sonrisa después de leer estas palabras, y tener un extra de motivación y confianza para tirar adelante los planes que tengamos. Con su gran amor, Dios nos llena de perspectiva y se multiplican las dimensiones desconocidas por las que transita y que nos promete percibir en el futuro.

Cierto, la muerte vive en este mundo, está presente y, desgraciadamente, la tenemos que naturalizar e interiorizar. Lo contrario sería inhumano y, a la larga, doloroso. Es más, tenemos que ser sensibles con todos aquellos que la viven de forma directa a través de seres conocidos, y luchar contra aquellas injusticias que hacen que mucha gente no pueda cumplir sus objetivos vitales. A pesar de que la muerte sea muerte, y no podamos volver atrás en el tiempo para evitar ciertas catástrofes, tenemos que tener fe y esperanza en que no se acaba todo con la muerte, y mostrarlo en nuestra manera de actuar.

¡Los mejores deseos y la mejor esperanza para todo el mundo!
 

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