África no puede esperar
Palacio de la Generalitat. Jordi Pujol, siendo presidente, convocaba periódicamente a diversos colectivos para escuchar sus opiniones y compartir, en contrapartida, sus reflexiones e inquietudes. Como miembro de algunos de ellos, participé en dos o tres ocasiones en aquellos coloquios. En una de ellas, Jordi Pujol relató que, durante un viaje a los Estados Unidos de América, conversó con el vicepresidente del gobierno norteamericano sobre cuestiones internacionales de gran calado, recorriendo prácticamente toda la geografía mundial. Al final de la conversación, le preguntó: “Hemos hablado de todas partes, pero África no ha salido para nada a colación”. La respuesta fue tan clara como reveladora: “Dejamos África para el siglo XXI”. China, como estamos viendo, no pensó igual.
África ha sido y sigue siendo objeto de una codicia sin par. Países, empresas y aventureros quieren adueñarse de sus minerales y recursos —coltán, cobalto, diamantes, oro, radio…—, alimentando conflictos, explotación laboral y contrabando. El continente aparece demasiadas veces como un gran tablero donde las potencias mueven piezas en función de sus intereses.
El papa León está en pleno viaje apostólico a Argelia (país que por primera vez visita un Papa y que ha sido acompañado en esta ocasión por el cardenal Cristóbal López, arzobispo de Rabat), Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Exceptuando dos desplazamientos de un día a Nicea y al Principado de Mónaco, este viaje revela con claridad el orden de sus prioridades. Así lo expresó a los periodistas en el vuelo hacia Argel: “Este viaje, que es muy especial por varias razones, debía ser el primero del pontificado”.
El inicio de la visita ha coincidido con un exabrupto del actual presidente norteamericano, que ha atacado al Papa por su postura internacional y su oposición a la guerra. La respuesta de León XIV ha sido inequívoca: “No le temo a la administración Trump ni a proclamar con firmeza el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí”. No dejarse gobernar por el miedo forma parte del núcleo del mensaje evangélico. Como ha señalado Antonio Spadaro, León XIV quiere liberar el cristianismo de toda instrumentalización ideológica y política.
No se trata de enriquecerse a costa de expoliar a los demás. Por eso, León XIV sabe que “este viaje representa realmente una oportunidad muy valiosa para mantener una misma voz, el mismo mensaje que queremos transmitir: promover la paz, la reconciliación, el respeto y la consideración por todos los pueblos”.
África merece profundo respeto y solidaridad. La Iglesia africana está comprometida en trabajar por la humanización a través de la sanidad, educación, justicia… a la luz del evangelio. Sin fraternidad ni convivencia en paz, la alternativa es el caos. El capricho de los poderosos se impone entonces al bien común. La dignidad de las personas no puede quedar menoscabada por la pobreza ni por las dificultades. África no puede esperar. El lenguaje de las bombas es inhumano y destructivo. No podemos abdicar de construir un mundo fraterno y en paz.