Pilar Mariné: “Una espiritualidad sana ayuda a vivir con más serenidad y sentido”
Entrevista a Pilar Mariné, psicóloga y responsable de formación en el ISCREB por el periodista Ignasi Miranda (Ràdio Estel - Programa: Sense Distància)
¿Qué entendemos por una espiritualidad sana?
Una espiritualidad sana es la capacidad de conectar con aquello que da sentido a nuestra vida. Tiene que ver con los valores profundos y con una forma de vivir y relacionarse desde la autenticidad. No implica necesariamente pertenecer a ninguna religión ni seguir ninguna doctrina concreta: es un concepto universal que forma parte de la interioridad de la persona.
¿En qué se diferencia de la religiosidad tradicional?
La religiosidad está vinculada a creencias y prácticas concretas, mientras que la espiritualidad sana es más de fondo. Es como el humus: la tierra fértil sobre la que pueden crecer diferentes experiencias, incluida la religiosa. Tiene que ver con la profundidad humana y con la búsqueda de sentido.
¿Qué beneficios tiene en el bienestar personal?
Las personas que cultivan esta espiritualidad tienen más capacidad para afrontar el sufrimiento sin romperse. Afrontan las dificultades con más serenidad y no se dejan arrastrar tanto por el miedo. También suelen tener niveles más bajos de ansiedad y una mayor capacidad de conexión con los demás.
¿Podríamos decir que actúa como un mecanismo interno?
Sí, es como si desarrolláramos un “músculo interior” que ayuda a amortiguar los impactos de la vida. Hay algo que nos sostiene y que nos permite vivir las situaciones con más equilibrio.
¿Esta dimensión está presente en todas las tradiciones?
Sí. Todas las tradiciones espirituales comparten este fondo común: la búsqueda de paz, serenidad y conexión con valores profundos como el amor o la calma. También está presente en personas que no se consideran religiosas.
¿Cómo influye en el funcionamiento de las organizaciones?
Las organizaciones son comunidades de personas. Cuando se trabaja desde estos valores y hay un liderazgo que reconoce la dignidad de cada persona, la cultura institucional cambia. Las decisiones se toman con más integridad, los conflictos se gestionan con más humanidad y la cohesión de los equipos se refuerza.
Hay quien considera que la espiritualidad es algo demasiado íntimo para el ámbito profesional. ¿Qué les diría?
Es comprensible si se identifica espiritualidad con religión. Pero nosotros hablamos de preguntas universales: ¿tiene sentido lo que hago? ¿Cuál es el propósito de mi trabajo? Estas preguntas forman parte de cualquier persona y son esenciales para organizaciones que quieren ser realmente humanas.
¿Cómo se estructura el curso que ofrecéis desde el ISCREB, el de "Beneficios de una espiritualidad sana para el buen funcionamiento de las instituciones"?
El curso tiene tres grandes bloques. El primero aborda el liderazgo y el papel de los valores y el propósito. El segundo se centra en cómo se organizan las instituciones desde una legitimidad compartida. Y el tercero trabaja los equipos: cómo crecer juntos y construir cohesión y sentido compartido.
¿La espiritualidad también tiene impacto en la salud?
Sí. Ayuda a afrontar el estrés, la falta de sentido y la desconexión social. No elimina la carga, pero la hace más sostenible, porque se vive desde otro lugar interior, con más arraigo.
¿Qué valores universales consideran fundamentales?
La dignidad de la persona es la base. A partir de ahí, también la gratuidad, la verdad, el cuidado y la justicia entendida en un sentido profundo. Son valores compartidos por todas las tradiciones y también por personas no religiosas.
¿Qué consejos prácticos daría para empezar a integrar esta espiritualidad en el día a día?
Destacaría tres. Primero, hacer pequeñas pausas sin pantallas para conectar con uno mismo y preguntarse cómo está realmente. Segundo, recordar quién somos y por qué hacemos lo que hacemos. Y tercero, tener al menos una conversación a la semana que vaya más allá de lo operativo y toque el sentido y los valores.
¿Qué errores son habituales al intentar integrar la espiritualidad?
Uno de los principales es la falta de escucha, a menudo provocada por el ritmo acelerado de vida. Sin escucha, es difícil construir relaciones humanas profundas. Hay que aprender a acogernos unos a otros, a hacer de “humus” compartido que permita crecer conjuntamente.
¿A quién se dirige el curso?
A cualquier persona o colectivo interesado en mejorar las relaciones humanas, el liderazgo y la calidad interna de los equipos. Es una propuesta abierta, no vinculada a un perfil específico.