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La vocación de Ainara

Lluís Serra

Al acabar la proyección de la película Los domingos, salí del cine con una mezcla de emoción y reflexión. En mi memoria surgió, por contraste, otro filme lejano: Historia de una monja (1959). Ambas fueron premiadas —la primera, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián; la segunda, por Fred Zinnemann, con el Óscar de 1960— y comparten un mismo núcleo: el itinerario interior de la vocación religiosa y el impacto que las decisiones personales tienen en el entorno familiar y social.

El deseo de iluminar la conciencia ante las grandes opciones de vida atraviesa tiempos y generaciones. Alauda Ruiz de Azúa lo aborda con hondura y respeto en Los domingos. Dos acontecimientos recientes, entrelazados mediáticamente, revelan una cierta recuperación del lenguaje religioso en nuestra cultura: el lanzamiento de Lux, el último álbum de Rosalía, y el estreno de este filme que ha suscitado tanto interés. Como ha señalado Diego S. Garrocho en un lúcido artículo publicado en El País, “la radical novedad del restablecimiento de la catolicidad no se explica tanto por lo que la religión tiene de conservador como por lo que anuncia de revolucionario.”

Ruiz de Azúa, que se confiesa atea, ha tratado el tema con admirable objetividad. Su mirada es limpia y documentada, y logra que el espectador acompañe el proceso interior de Ainara sin juicios previos. Algunos han querido reducir su vocación a una explicación psicológica —la muerte prematura de su madre— o sociológica —la situación económica del padre—. Pero esa lectura olvida lo esencial. Ni siquiera el flirteo con un chico, alentado por su tía, logra enturbiar su decisión. La directora presenta con sutileza el contraste entre el amor humano y el amor divino, mostrando que la clave de toda vocación es la obediencia a la voluntad de Dios.

En el evangelio, Jesús lo expresa con palabras luminosas: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros.” El punto de inflexión en la película llega cuando Ainara, rezando en la capilla, pronuncia la plegaria de Charles de Foucauld: “Padre mío, me abandono a ti.” En ese momento, la luz del discernimiento ilumina su vida y da sentido a su entrega. Un instante de claridad puede ofrecer fuerzas para soportar años de oscuridad.

Historia de una monja y Los domingos son, en el fondo, espejos de su tiempo. La primera narra la salida de una religiosa del convento —una decisión escandalosa en 1959—; la segunda, la entrada de una joven en la clausura —una elección incomprensible en 2025—. Pero, más allá del contexto, ambas recuerdan que el discernimiento es una tarea inevitable: cada persona está llamada a escuchar la voz interior que orienta su camino.

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