Jornada presencial

La fachada de la Pasión de la Sagrada Familia: el proyecto de Gaudí

Lucia Montobbio

Con motivo de la conferencia «La fachada de la Pasión de la Sagrada Familia: el proyecto Gaudí», organizada por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB), conversamos con la profesora Rosa Ribas sobre el sentido profundo del proyecto original de Gaudí para esta fachada. La sesión tuvo lugar el 10 de enero de 2026 en el Seminario Conciliar de Barcelona, y se enmarca en el encuentro presencial de los alumnos virtuales y forma parte de la celebración de los 25 años de formación en línea del Instituto.

¿Puedes resumir los puntos fundamentales de la conferencia?

Gaudí realizó dos dibujos para la fachada de la Pasión, el primero en 1892 y el segundo en 1911. La primera propuesta, si nos fijamos solo en la estructura, era similar a la fachada del Nacimiento que conocemos. Se observan cambios muy significativos entre el primer diseño y el último, aunque mantienen algunos rasgos básicos similares. Los cambios pueden responder a experiencias personales profundas en la vida del arquitecto. Gaudí realizó el diseño definitivo de la fachada de la Pasión en un momento de gran crisis y sufrimiento personal. A la fragilidad de su salud se añadían las dificultades del trabajo profesional y el diagnóstico de las fiebres de Malta, que le obligó a apartarse de toda actividad y retirarse a Puigcerdà.

¿Cómo afectó este tiempo a su obra?

El dolor, el sufrimiento y el hecho de experimentar la cercanía de la muerte lo llevaron a profundizar en su fe cristiana y a discernir sobre las cuestiones fundamentales. Las lecturas durante los meses de convalecencia fueron esenciales para la concepción del dibujo de 1911. Entre ellas se encontraban las poesías de san Juan de la Cruz, que un monje camilo de Castilla le leía pausadamente, los escritos de Torras i Bages y del padre Ignasi Casanovas, así como El criterio de Jaume Balmes, La imitación de Cristo de Kempis y, sobre todo, los volúmenes del Année Liturgique de Dom Guéranger.

Aquel período fue de profunda reflexión espiritual. Al regresar a Barcelona, ya recuperado, pidió una gran hoja de papel y se encerró durante días para realizar el diseño de la fachada de la Pasión. El dibujo original no se ha conservado, pero sí una fotografía que él conservó siempre en su estudio.

¿Cómo era la fachada de la Pasión que dibujó?

En el centro del portal de la Caridad situaba una gran columna concebida como el árbol de la cruz, con María y Juan a ambos lados: el árbol de la salvación, en claro paralelismo con el árbol del Génesis de la fachada del Nacimiento. Gaudí proyectó en la fachada de la Pasión la cruz con el cuerpo de Jesús en primer término; la intención era que toda la fachada representara el cuerpo de Jesús crucificado.

Sobre este árbol de la cruz disponía las escenas del Mandatum (lavatorio de los pies), la Eucaristía, la oración de Getsemaní, la tumba vacía —símbolo de la Resurrección— y la cruz glorificada.

Un gran frontón coronaba la fachada, donde se representaban los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento ascendiendo hacia la tumba vacía. Esta evocaba tanto la Resurrección como la bajada a los infiernos para rescatar a toda la humanidad.

En los acroterios figuraban el cordero —símbolo del sacrificio— y el león de Judá —símbolo de la victoria sobre la muerte—. Se trata de un programa teológico de gran potencia: a través de la cruz, del servicio, de la entrega y de la oración confiada se llega a la resurrección y a la glorificación. Por eso, más que fachada de la Pasión, yo la llamaría fachada de la Redención.

¿Cómo describirías a Gaudí como persona?

Un adelantado a su tiempo, un hombre de fe, gran observador de la naturaleza y arquitecto genial. Antoni Gaudí se ha convertido en una figura universal de la arquitectura moderna. Se sentía profundamente arraigado a su tiempo, pero también era un místico y un poeta de la piedra. Su obra no puede comprenderse sin tener presente su itinerario personal: su vida es un camino de profundización en la fe.

Destacaría también especialmente su generosidad. Era consciente de que no vería terminada la Sagrada Familia y afirmaba que otros la continuarían. Dejó álbumes y maquetas con los conceptos fundamentales para facilitar la continuación del templo. Al mismo tiempo, no lo determinó todo: dejó espacio a la creatividad de quienes vendrían después, como en el caso de las vidrieras, de las que definió la idea pero no la ejecución exacta. Esta es la generosidad del genio. Leemos en Puig Boada en su libro El Pensamiento de Gaudí: «No querría acabar la obra, porque no convendría: una obra así debe ser hija de una larga época, cuanto más larga mejor. Se ha de conservar siempre el espíritu del monumento, pero su vida debe depender de las generaciones que se la transmitan y con las cuales vive y se encarna».

¿Tiene previstas más conferencias en este Año Gaudí?

Hay muchas peticiones de cursos y charlas. Me interesa especialmente profundizar en el tema de la belleza en la obra de Gaudí. Él decía que hay dos revelaciones: una doctrinaria de la Moral y de la Religión, y otra que guía por los hechos, que es el gran libro de la Naturaleza. Entendía la tarea del artista como continuador de la creación de Dios. Próximamente participaré en el Congreso «Gaudí: arte, belleza, misterio».

¿Qué dirías de la Sagrada Familia como obra?

Joan Maragall, contemplando el templo incipiente, escribía en diciembre de 1900 en el Diari de Barcelona: «El templo naciente tiene ya un portal: el portal que mira hacia el barrio obrero. No tiene techo todavía, y ya tiene portal. No puede cobijar aún, pero ya ejerce acción de cobijo. No es todavía recinto cerrado y, sin embargo, ya se entra en él. Apenas nace, y ya invita. Invita a las generaciones de hoy en comunión con las generaciones que han de venir, las cuales llenarán las futuras naves de futuras oraciones. Solo había cuatro cosas pero ya cobija y vendrá gente de todo el mundo».

La Sagrada Familia es un santuario en el corazón de la ciudad. Y nosotros somos privilegiados de poder ver culminada la torre central, la torre dedicada a Jesucristo. En el centenario de su muerte considero que es una oportunidad única para dar a conocer a Gaudí en su profundidad humana, espiritual e intelectual, más allá de su condición de gran genio como arquitecto.

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