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Barómetro sobre la religiosidad de los catalanes

No todas las encuestas de opinión tienen el mismo valor, o bien porque las preguntas ya inclinan a ciertas respuestas que interesan, o bien porque olvidan conscientemente temas que molestan, etc. Hay muchas formas de hacer decir lo que se quiere. En cambio, los Barómetros sobre la Religiosidad que ha ido haciendo la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat en 2014, 2016, 2020 y 2023 reflejan rigurosamente la situación de la religiosidad en Cataluña y podrían y deberían ser un telón de fondo de los retos y planificaciones pastorales.

La primera constatación interesante es que un 73% de los catalanes se identifica con alguna religión y un 57% con la religión católica. Un 19% habían sido creyentes y un 3% han evolucionado hacia la fe. La asistencia a actos de culto es, evidentemente, menor: un 44% de los catalanes van al menos una vez al año a un culto, sin tener en cuenta matrimonios, bautizos, etc. (13'4% semanalmente; un 8'8'% mensualmente). Hay otros dos datos muy significativos: a mayor nivel de estudios, los catalanes son menos creyentes. Cabe remarcar que los nacidos en Cataluña son mucho menos creyentes que los nacidos más lejos (35% nacidos en Cataluña; 59% nacidos en otros lugares de España; y 71% nacidos en el extranjero).

Estos datos, a pesar de mostrar un debilitamiento, no son la ruina del hecho religioso: 3/4 parte de los catalanes se consideran religiosos y poco menos de 2/3 partes católicos; la distancia entre convencimiento y práctica religiosa es un tema endémico. La relación descendente entre nivel de estudios y creencia (cuanto más estudios menos creyentes), pone de relieve la urgencia de una pastoral universitaria seria (entre profesores y universitarios) y una pastoral de la cultura. El abandono y menoscabo del mundo intelectual que construya puentes entre fe y cultura lleva a un cristianismo empobrecido, de poca calidad, sin presencia allí, donde se cocina el futuro. 

En cuanto a la relación entre lugar de nacimiento y creencia, debería revolucionar la práctica pastoral: muchos de los nacidos ahora en Cataluña fueron inmigrados y aquí no hemos sabido acogerlos religiosamente. Y mirando a los que ahora tenemos entre nosotros: ¿podemos permitir que no nos haga reformar radicalmente nuestras parroquias? ¿Acogemos e integramos de verdad? Debemos pasar del “día del emigrante” a una Iglesia también y, quizás sobre todo, de emigrantes.

El barómetro muestra una ignorancia supina del hecho religioso. Por ejemplo, solo un 60% sabe cuál es el jefe de la Iglesia católica y un 20% desconoce quién fue el primero el impulsor de la reforma protestante. Será un hecho que preocupa a mucha gente, porque un 75% estaría de acuerdo en incorporar en el sistema educativo una nueva asignatura donde se den a conocer las principales religiones que viven en Cataluña. Un 60% dice que estaría de acuerdo con que sus padres pudieran solicitar clases de su propia religión. Estas cifras plantean seriamente el tema sobre lo que sería mejor de cara a superar la profunda ignorancia religiosa de la población.

 

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