La conversión de las relaciones: una llamada al Sínodo
Lluís Serra, en un artículo de opinión publicado en Església de Barcelona, destaca que el Documento final del Sínodo (nn. 49-67) propone un llamado a la conversión que va más allá de las ideas o los dogmas. Esta conversión afecta toda la vida humana, especialmente las relaciones, y se fundamenta en la perspectiva de Thomas Merton, según la cual la vida tiene sentido solo cuando se integra con la propia generación, la sociedad y con Cristo. La sinodalidad —comunión, participación y misión— se convierte así en la expresión de esta conversión.
Las relaciones no se pueden entender solo sociológica o psicológicamente, sino también teológicamente. Serra recuerda a San Pablo, que nos muestra cómo Dios destina a los seres humanos a ser imagen del Hijo y a formar una fraternidad universal. Filiación y fraternidad son, por lo tanto, esenciales, y Jesucristo lo resume en los mandamientos de amar a Dios y a los hermanos, fundamento de toda relación evangélica.
El documento subraya que las relaciones comunitarias a menudo sufren dificultades y heridas. La conversión es necesaria para vivir vínculos auténticos, surgidos del corazón como centro de decisiones y encuentro con Dios. Serra pone especial énfasis en la igualdad y la reciprocidad entre hombres y mujeres, destacando el dolor que muchas mujeres han expresado a lo largo del Sínodo, y señala que esta conversión es ineludible.
Las distorsiones en las relaciones se manifiestan en cierres y estructuras de pecado, presentes también dentro de la Iglesia. Serra cita ejemplos de sufrimiento como la marginación de los niños y de los ancianos, así como los abusos que han generado víctimas y un dolor profundo. La escucha, la humildad y la restauración de la confianza son pasos esenciales para iniciar esta conversión.
Cada cristiano está llamado a hacer fructificar los dones recibidos del Espíritu en el anuncio del Evangelio. Serra destaca la importancia de la corresponsabilidad, en la que laicos, mujeres, niños, jóvenes, personas con discapacidad, familias y vida consagrada aportan según sus dones. El documento defiende que nada debe impedir que las mujeres asuman tareas de liderazgo en la Iglesia y deja abierta la cuestión del diaconado femenino.
Finalmente, Serra recupera la imagen de Pedro y los demás discípulos yendo juntos a pescar, como metáfora de la vida sinodal. La Iglesia está llamada a remar juntos, guiada por el Espíritu, hacia una comunión más evangélica, donde todos colaboran para construir relaciones verdaderamente transformadas por el Evangelio.