León XIV y la IA: «un cambio de época», según el papa
León XIV considera que la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando el mundo con tal rapidez y profundidad que vivimos un «cambio de época» (§ 6). Aunque todavía resulta complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo «sobre la dignidad de las personas y el bien común» (§ 4), el papa destaca el papel decisivo de la educación (§ 139) y advierte de la escasa preparación del ámbito educativo ante estas transformaciones.
Prescindir de la IA
La tecnología no es neutra ni constituye nunca una panacea, como recuerda León XIV. «Toda tecnología educa a quien la utiliza. Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla. La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo. […] Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita» (§ 140).
Según el papa, el impacto de la IA en el ámbito educativo obliga a replantear el sistema educativo. «El desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA hace que los planes de estudios concebidos para otra época queden rápidamente obsoletos, mientras que la organización de la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona. Es necesario favorecer la formación continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional, para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia» (§ 145).
Una verdadera higiene de la atención
Otro gran desafío consiste en preservar la verdad, la libertad y el sentido. «Si no estamos atentos, puede surgir un sistema educativo carente de amor por la verdad, en el que el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento. Se multiplican los conocimientos fragmentarios, pero se hace más difícil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo. Muchos educadores perciben ya los signos de una posible deshumanización, en la que las personas “saben muchas cosas” pero tienen dificultades para dar un sentido a su vida ―también debido a la incapacidad de conectar la información y los conocimientos― y para no perder de vista el horizonte de sentido. Es necesario promover una verdadera higiene de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida» (§ 146).
Educar en el sentido de los límites
Por último, León XIV aboga por «una alianza educativa renovada» entre «las familias, las escuelas, las comunidades cristianas y las instituciones públicas» (§ 147). En consonancia con la doctrina social de la Iglesia, recuerda sus principios fundamentales, que se concretan en diversos objetivos educativos: «educar en la sobriedad y en el sentido de los límites; educar en el reconocimiento del derecho del otro y de quienes vendrán después de nosotros a disfrutar de los bienes que nos han sido dados, o que el ingenio humano pone a nuestra disposición; educar en la libertad y en la responsabilidad; educar en el sentido de la trascendencia y del bien común».
León XIV concluye recordando la misión que le es propia a la escuela y que perdurará en la era de la IA: «La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables».