‘La Odisea’ de Nolan, una fuente de inspiración
Que Christopher Nolan es un gran cineasta ya queda bien claro. Basta con mencionar tres piezas notables de este director para demostrarlo: Memento (2000), Interstellar (2014) u Oppenheimer (2023). Con esta buena fama, ahora se ha atrevido con una obra mayor, llevar a la pantalla La Odisea de Homero. Y lo hace con una ambición enorme y con todos los medios técnicos y económicos para llevar a buen puerto su atrevimiento. Pero con una particularidad, señalada con letra pequeña en los títulos de crédito, pero reconocida por él mismo en ciertas entrevistas a propósito de la película: que se trata de una obra “basada” en la inmortal obra griega y que eso quiere decir que ha sido necesario hacer ciertas elecciones y generar determinados cambios en el contenido de la historia para poderla llevar realmente al ámbito cinematográfico, liberándose de perseguir fielmente todos los diversos episodios del texto. Y es aquí donde radica la grandeza, pero también la debilidad, de la propuesta de Nolan. Por un lado, es brillante y preciosista en la forma, sin duda, y de hecho algunas escenas son de una gran espectacularidad como también de una espléndida recreación de ambiente. Pero al mismo tiempo se trata de una propuesta algo tramposa al recortar, escoger o directamente cambiar episodios de la narración homérica que narra aquel larguísimo viaje de Odiseo que regresa a su tierra de Ítaca donde le espera fiel y astutamente su esposa Penélope y donde ha ido creciendo su hijo y heredero Telémaco. Y es por esta selección de episodios, cuando no la creación de alguno, por lo que la película genera grandes adhesiones, pero también rechazos, adhesiones a la forma, indiscutibles, pero alguna crítica a propósito del contenido. La cuestión no es banal, se trata de saber si es adecuado reescribir con cierta libertad un texto que es cuna de la literatura occidental.
La historia es suficientemente conocida. Explica el viaje de Odiseo, Ulises según la nomenclatura latina, de regreso a casa después de la guerra de Troya. Y va ilustrando los diversos episodios de este viaje, en suma escollos que van dificultando el regreso tranquilo hacia su tierra. Un viaje que ha sido utilizado por poetas y músicos para significar la grandeza del viaje, de la vida como viaje y aventura. A mi parecer, sin embargo, La Odisea también puede acercarse, de alguna manera, a una espiritualidad cristiana: el viaje de Ulises puede ser leído como el regreso a casa desde el infierno de la guerra y, por tanto, las diversas trampas y dificultades que el hombre debe superar para reencontrar la paz y la quietud originales. Un viaje lleno de incidencias, de episodios de acogida, pero también de rechazo, de trampas y de ayudas, siempre con la diosa Atenea que le protege como si fuera su ángel de la guarda. Regresar a casa es, al fin y al cabo, una bonita imagen espiritual para expresar nuestra vida terrenal encarada hacia la plenitud celestial, del paraíso perdido al paraíso reencontrado. La Odisea no tiene ninguna relación con el cristianismo, pero el cristianismo puede encontrar en La Odisea una fuente de inspiración espiritual.