La ascesis de la escucha y la pedagogía del ayuno
Elementos para una lectura teológico-pastoral del mensaje de Cuaresma de León XIV
En el marco del itinerario litúrgico hacia la Pascua, el mensaje cuaresmal de León XIV de este año articula una propuesta espiritual que puede interpretarse como una síntesis entre dos prácticas clásicas de la tradición cristiana: la escucha y el ayuno. Lejos de reducirse a exhortaciones devocionales, el texto configura una verdadera pedagogía de la conversión, en la cual ambas prácticas aparecen estructuralmente correlacionadas y orientadas tanto a la transformación personal como a la renovación eclesial y social.
1. La escucha como categoría teológica fundamental
El mensaje parte de una premisa implícita: la conversión no es primariamente un acto voluntarista, sino una respuesta a una iniciativa previa de Dios que se revela e interpela. La referencia al episodio de la zarza ardiente (Ex 3,7) no tiene un carácter meramente ilustrativo, sino que fundamenta una hermenéutica de la historia: Dios se presenta como aquel que «ve» y «escucha» el clamor de su pueblo.
Esta afirmación comporta consecuencias epistemológicas. La escucha no es solo una actitud moral, sino una disposición cognitiva que configura al sujeto creyente. En un contexto cultural caracterizado por la sobreproducción de discursos y la fragmentación de la atención, la Sagrada Escritura se convierte en un criterio normativo que educa la sensibilidad y ordena la recepción de las voces que reclaman discernimiento. Escuchar «como Dios escucha» implica reconocer el sufrimiento de los pobres como lugar teológico y criterio de verificación de la autenticidad eclesial.
2. El ayuno y la antropología de la capacidad
El desarrollo ulterior del mensaje recupera una intuición clásica de la antropología agustiniana: la relación entre deseo, carencia y capacidad. En la línea de san Agustín, el hambre y la sed no constituyen una deficiencia puramente negativa, sino una condición pedagógica que ensancha al sujeto y lo dispone a una plenitud futura.
«Corresponde, pues, a los hombres que llevan esta vida mortal tener hambre y sed de justicia; en cambio, estar saciados de justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están saciados los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, a su tiempo serán saciados».
Esta secuencia describe un dinamismo de dilatación interior que puede ser leído en clave ascética: el ayuno no se limita a una práctica penitencial, sino que opera como disciplina formativa que reordena los deseos y restablece la primacía del bien último sobre los bienes inmediatos. El ayuno, por lo tanto, se erige como una pedagogía de la libertad que capacita para una recepción más plena del don divino.
3. La ética del lenguaje y la dimensión simbólica del ayuno
Una aportación relevante del mensaje de León XIV es la ampliación semántica del ayuno más allá del ámbito alimentario. El llamado a abstenerse de palabras que hieren —calumnias, difamaciones, juicios temerarios— sitúa la práctica ascética en la esfera simbólica y relacional.
Esta perspectiva permite articular una verdadera ética del lenguaje. En sociedades marcadas por la polarización y la inmediatez digital, el control de la palabra se convierte en una forma de responsabilidad pública. El «ayuno de palabras» no es un silencio evasivo, sino una purificación que restituye a la palabra su función constructiva. En este sentido, el ayuno se revela como un instrumento de configuración de una cultura de paz.
4. Conversión y dimensión comunitaria: una lectura sinodal
El mensaje subraya la dimensión comunitaria de la conversión, evocando la asamblea penitencial narrada en Ne 9,1-3. Desde esta perspectiva, la Cuaresma es un espacio privilegiado para el ejercicio de la sinodalidad. La conversión adquiere una dimensión institucional cuando comporta la revisión de estilos de gobierno, de prácticas comunicativas y de dinámicas comunitarias. La reforma eclesial se fundamenta en sujetos formados en la escucha y en la disciplina del deseo.
5. Orientaciones prácticas en clave formativa
Las propuestas de León XIV se pueden sistematizar así:
- La lectio divina con dimensión social: integrar la exégesis con el análisis de la realidad.
- El examen de conciencia digital: sobre el uso del lenguaje en las redes.
- Espacios de silencio: como condición para la dilatación interior.
- Sobriedad compartida: vincular la ascesis personal con la solidaridad efectiva.
Este conjunto de iniciativas configura una escuela de formación del deseo, en la cual escucha y ayuno aparecen como dispositivos complementarios de una misma dinámica de conversión.
Conclusión
El mensaje cuaresmal de León XIV propone una síntesis coherente entre antropología, espiritualidad y responsabilidad social. La escucha dispone al sujeto a la recepción de la Palabra y del clamor de los pobres, mientras que el ayuno lo capacita para una libertad más plena ante la servidumbre de los bienes inmediatos. Ambas prácticas no deben entenderse como ejercicios aislados, sino que convergen en una pedagogía del deseo que orienta a la comunidad eclesial hacia una transformación integral.
En última instancia, la propuesta del Pontífice nos recuerda que la reforma de las estructuras —ya sean eclesiales o sociales— resulta estéril si no nace de sujetos que han aprendido a dilatar su corazón en la ascesis y la atención al otro. La Cuaresma, bajo la mirada de León XIV, se convierte así en un laboratorio de humanidad y un camino necesario hacia la civitas caritatis.
Oración para el camino cuaresmal
Señor de la Palabra y del Silencio, concedednos la gracia de un oído recto y de un corazón dispuesto. Que vuestra Palabra nos transfigure y sepamos discernir el clamor de los que sufren.
Dadnos la firmeza para un ayuno auténtico: que la distancia de los bienes superfluos ensanche nuestro anhelo de Vos. Iluminad nuestro lenguaje y purificad nuestros juicios para ser palabra reconciliadora.
Dilatad, Señor, nuestros corazones para que sean aptos para acogeros, y haced de nuestra vida un testimonio de vuestra misericordia y de la civitas caritatis.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.