General

Hacia una teología del buen humor

La lectura frecuente de filosofía y teología conduce, a medida que uno acumula años y lecturas en estos dos ámbitos, a una constatación difícil de ignorar: buena parte del pensamiento filosófico y teológico se ha redactado desde una austeridad de espíritu poco amiga de la diversión, prescindiendo a menudo de los recursos de la sonrisa, de la risa franca y de los buenos chistes. Hay, por supuesto, excepciones tan ilustres como Erasmo, Kierkegaard, Chesterton, C. S. Lewis, Pascal o Nietzsche, autores en cuyas obras el humor, la ironía o la paradoja ocupan un lugar nada marginal.

Esta escasez de humor no es, ni mucho menos, una condición inherente a todos los caminos de la reflexión ni a todos los géneros literarios. El teatro o la novela no están, por naturaleza, reñidos con el humor; en el arte dramático, por ejemplo, conviven armoniosamente la tragedia y la comedia. Tomemos, en cambio, algunas de las grandes obras maestras de la metafísica —la Crítica de la razón pura de Immanuel Kant o las Meditaciones metafísicas de René Descartes—: se trata de construcciones intelectuales geniales de principio a fin, pero poco inclinadas a arrancar la más mínima sonrisa, salvo que uno las lea desde cierta distancia irónica o con cierto desdén burlón hacia las doctas elucubraciones académicas.

Y, sin embargo, esta severidad contrasta con una importante tradición clásica y teológica. Ya Aristóteles, en la Ética nicomáquea (IV, 8), presentó la eutrapelia como la disposición virtuosa en las diversiones y los juegos de ingenio, situada entre la bufonería y la rusticidad de espíritu, y reconoció así que el descanso y la diversión ocupan un lugar necesario en la vida humana. Recogiendo esta intuición, santo Tomás de Aquino sostiene, en la Summa Theologiae (IIa-IIae, q. 168, a. 2), que el juego y el esparcimiento pueden ser necesarios para el descanso del espíritu y que, en este contexto, las bromas pueden resultar oportunas. Hay, sin embargo, una paradoja sugerente: santo Tomás teoriza de manera admirable sobre esta virtud, mientras que en su inmensa producción textual apenas encontramos un espacio explícito para el humor como género o recurso.

Asimismo, resulta llamativo que la filosofía y la teología hayan prestado tan poca atención a una actitud espiritual bien presente en la tradición bíblica. Cuando san Pablo escribe que «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7), el término griego utilizado, hilarós, no hace referencia directamente a los chistes, sino a una disposición de alegría y prontitud a la hora de dar. No se trata, pues, de imponer una comicidad artificial, sino de reconocer que el estilo de vida cristiano es compatible con una existencia no dominada por una gravedad excesiva ni por la amargura.

A quien disfruta de la risa y busca la compañía de personas alegres le cuesta explicar este predominio de la seriedad. Es cierto que uno puede evocar la sugerente representación de Umberto Eco en El nombre de la rosa, donde la risa aparece bajo la sospecha de ser una fuerza peligrosa y subversiva. Como hallazgo novelístico, su valor es indiscutible; pero no puede tomarse como una descripción adecuada y general de la actitud medieval ante la risa. La documentación de la época muestra, más bien, la presencia de una rica cultura festiva, carnavalesca y humorística.

Es plausible pensar que tanto la filosofía como la teología se hayan dejado impregnar, en parte, por un espíritu de seriedad institucional, puesto que se ocupaban de cuestiones profundamente graves. Pero esa gravedad no debería excluir la alegría. La amenidad y el buen humor no son solo una manera agradable de expresar la verdad: pueden ser también un signo de que esa verdad ha sido interiormente asimilada. Esto no significa convertir la teología en un mero entretenimiento ni confundir la profundidad con la frivolidad, sino comprender que la seriedad de las ideas no exige el rostro adusto de quien las profesa.

Esta continuidad entre virtud, buen humor y alegría encuentra una expresión especialmente significativa en el pensamiento del papa Francisco. En la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate (§ 122-128), el papa Francisco afirma que la alegría cristiana suele ir acompañada del sentido del humor y que el mal humor no es precisamente un signo de santidad. Y el 14 de junio de 2024, ante artistas del mundo del humor procedentes de diversos países, explicó que llevaba más de cuarenta años rezando cada día con las palabras de una famosa oración atribuida a santo Tomás Moro para pedir el sentido del humor, una gracia que, según decía, le ayuda a afrontar cada día las cosas con buen espíritu.

Desde Aristóteles hasta santo Tomás de Aquino y, en tiempos recientes, hasta Francisco, la intuición resulta sorprendentemente persistente: la persona humana no está hecha solo para trabajar, discutir y argumentar, sino también para jugar, sonreír y alegrar a los demás.

Lectores y lectoras, en verdad os digo: ya es hora de que se abra, por fin, la gloriosa era de una teología y una filosofía amables, cordiales y humanas —y, por qué no decirlo, también de los sermones, de los discursos políticos, de las reprimendas pedagógicas a los niños y de los editoriales que todavía hoy parecen redactados con cara de funeral.

Otras notícias
General

La hospitalidad como camino espiritual y vínculo de fraternidad universal

20 Enero 2025
La hospitalidad es más que un gesto de acogida: es un compromiso profundo con el otro que revela la dimensión espiritual y transformadora de la humanidad. Francesc-Xavier Marín, en la conferencia "La hospitalidad: deber de apertura a la trascendencia", la exploró desde la fenomenología, subrayándola como núcleo de la fe y la convivencia.
General

La neurobiología de la trascendencia y la búsqueda de sentido

El próximo martes 20 de octubre de 2026, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB) dará el pistoletazo de salida a su curso académico 2026-27. A las 19:00 h, el Aula Magna del Seminario Conciliar (Diputació, 231) acogerá la lección inaugural «Neurología humana y necesidades trascendentes», a cargo del biólogo y catedrático Ramon Maria Nogués.
Espacio de encuentro

La poesía, una manera de cuidar el mundo

Amb motiu del Temps de la Creació 2026, l’ISCREB va convidar, de l’1 d’agost a l’1 de setembre, l’alumnat, el professorat i totes les persones amigues de la institució a participar en una convocatòria de poesia dedicada a la bellesa i la fragilitat de la creació. Finalitzat el termini, l’ISCREB ha rebut una única col·laboració, de Núria Abelló, que ens ha fet arribar un conjunt de textos breus en què la natura esdevé font de contemplació, emoció i reflexió.
Pixabay, JudaM