Giuseppina de Simone: “A pesar de los muros que se intentan levantar, el Mediterráneo sigue siendo un lugar de encuentro”
[Entrevista aparecida en Flama] En una época marcada por heridas, desconcierto y sentimiento de impotencia ante dinámicas globales que parecen ingobernables, la teología está llamada a reencontrar su vocación más auténtica: habitar la realidad. La profesora Giuseppina De Simone, coordinadora de la Red Teológica del Mediterráneo (RT-MED), reflexiona sobre el papel de los teólogos en el mundo actual, situando en el centro la «teología de la reconciliación», un don vertical que se traduce en cercanía y escucha compartida de los sufrimientos de nuestro tiempo. El organismo se ha reunido en el seminario de Barcelona, del 6 al 13 de junio en el marco del encuentro MED26, que ha contado con más de 200 participantes de más de 25 países de la cuenca mediterránea. Entre ellos: obispos, jóvenes y trabajadores implicados en iniciativas de diálogo y solidaridad en la región.
¿Cómo se han encontrado en Barcelona estos días?
Nos hemos sentido acogidos por esta Iglesia local, por Cataluña, esta tierra tan hermosa, que expresa sentido de humanidad, de fe y también una refinada capacidad cultural. Se percibe una rica tradición cultural, spiritual y religiosa que se desprende de la propia ciudad, de la manera como está organizada y de la vida que la recorre. También he percibido una cierta elegancia, un nivel de civismo y de calidez que es realmente hermoso. Es una tierra que expresa un sentido de lo humano muy significativo.
Además de celebrar el encuentro anual de la RT-MED, ¿han podido participar en algún acto relacionado con la visita del Papa?
Claro que no hemos seguido todo el programa, pero sí hemos participado en los momentos principales: la vigilia en el Estadio Olímpico, la celebración en la Sagrada Familia y la bendición de la Torre de Jesús. La visita del Papa se inscribe plenamente en el camino que estamos realizando. La RT-MED nació en 2023, aunque el camino que llevó a su constitución empezó antes. Cada año nos reunimos en una ciudad del Mediterráneo para nuestro encuentro de verano, que es el principal momento de presencia y debate directo. Este año hemos elegido Barcelona porque aquí tenían lugar los Encuentros del Mediterráneo, enmarcados en la labor de tejido eclesial mediterráneo promovida por el cardenal Aveline por mandato del papa Francisco y renovada por el papa León XIV. El objetivo es construir una comunión entre las Iglesias de la cuenca que pueda ser un signo profético y de esperanza en un contexto histórico particularmente dramático.
¿Cuál cree que es el principal desafío que los creyentes y la teología deben afrontar en el contexto actual?
Un sistema de angustias nos encorseta y nos termina paralizando, haciéndonos incapaces de hacer brotar la palabra en los pliegues de la realidad; esa palabra a la que la luz abre espacio para que pueda emerger, y esto, en el fondo, es nuestra tarea. Creo que hace falta tener de verdad el coraje de habitar este tiempo y esta vida tan fragmentada, dispersa y sofocada por un sentimiento de impotencia y desorientación, provocado por el hecho de que todavía no logramos entender del todo qué está pasando a nuestro alrededor. Pongo una metáfora que viene al caso. Este pasado miércoles por la noche, la Sagrada Familia tenía una luz que nos regalaron a todos los presentes. La teníamos en la mano, la mirábamos, le dábamos la vuelta, no sabíamos muy bien cómo funcionaba y todos nosotros, incluidos los obispos, intentábamos entender su mecanismo. Pues bien, es como si tuviéramos en las manos una vida de la que no conocemos el funcionamiento. Los mecanismos que la controlan, exactamente como pasaba en la basílica, nos superan, y no logramos entender de dónde vienen ni cómo actúan. Esta es la sensación que domina nuestro tiempo y que sirve de telón de fondo a todas nuestras heridas, incluida la de la depresión, de la que se ha hablado mucho estos días.
Ante esta parálisis y estas heridas, ¿cómo podemos reaccionar concretamente y reencontrar una palabra que tenga sentido?
Debemos tener el coraje de abrirnos al relato de todo esto, sabiendo que esta narración también custodia aquello que nosotros mismos vivimos. Hemos de intentar buscar juntos, al lado de quien vive el drama de la falta de reconocimiento, para pronunciar palabras que tengan un sentido auténtico. Esto significa ayudar a levantar la mirada, recuperando la capacidad de una perspectiva que se eleva y contempla lo que no viene de nosotros, sino que viene de arriba.
A la luz de las sesiones y de las reflexiones compartidas estos días en la RT-MED, ¿qué caminos o núcleos temáticos considera prioritarios?
En este sentido, creo que es fundamental seguir proyectando la Teología de la reconciliación. Es un tema central, que este año hemos afrontado a través de la reflexión sobre las expectativas de reconciliación. Es importante profundizar en las ponencias presentadas, sobre todo las que están centradas en la vida.
¿Cómo se traduce en nuestra responsabilidad y en la cercanía con el otro?
Es un camino que hemos de hacer juntos, pensando en una reconciliación que viene de arriba. Los brazos de la cruz tienen una horizontalidad que viene determinada por una verticalidad, y es precisamente en la intersección y en la base de esta donde se abren. La reconciliación es un don que recibimos, que después estamos llamados a vivir, a reconocer, a transmitir y al cual debemos contribuir. Esta puede ser la pista sobre la cual seguir trabajando, sabiendo que solo desde la cercanía se puede acortar la distancia, implicándose en primera persona.
¿Cómo puede la teología contribuir a la paz y al diálogo?
La teología tiene una tarea fundamental: contribuir al anuncio del Evangelio, que es la misión de la Iglesia. Es una parte integrante de esta misión y debe ayudar a que el anuncio sea más significativo y más elocuente, para que pueda llegar al corazón y a la mente de las personas. La teología ofrece una contribución de pensamiento, pero el pensamiento nunca se construye de manera abstracta. El pensamiento auténtico nace siempre de la vida y de la experiencia. O es un pensamiento de la vida, que ayuda a leer la vida, o no sirve de nada y se queda en una forma abstracta y vacía de saber. Por eso la teología debe ayudar a leer la vida de la Iglesia, de la gente de la calle y de nuestro tiempo. Su tarea es leer la historia a la luz de la Palabra y de la revelación de Dios en Jesucristo.
En una de las ponencias, se nos recordaba que Gaudí no era un teólogo de profesión, pero era teólogo en el sentido en que debería serlo cada creyente. La suya era una teología sencilla y profunda, alimentada por una intensa vida espiritual y por una relación viva con el Señor. La teología es eso: una inteligencia de la fe que es para todos y de todos.
In su documento “Notas de método para una teologia desde el Mediterráneo” emerge precisamente esta dimensión popular de la Teología. ¿Qué os impulsó a escribirlo?
Este texto nace como un desarrollo del anterior Manifiesto para una teología desde el Mediterráneo. En el Manifiesto intentamos comunicar lo que habíamos comprendido a través de la escucha mutua y el encuentro entre experiencias teológicas maduradas en diversos países del Mediterráneo. Intentamos decir qué significa hacer teología en el Mediterráneo y a partir del Mediterráneo. Lo hicimos de manera sencilla y accesible. Este texto fue retomado posteriormente también en contextos no estrictamente teológicos, sino culturales y sociales. Fue percibido como un texto para todos, porque indicaba una manera de pensar de la que hoy se vislumbra la necesidad: un pensamiento de la vida, un pensamiento que ayuda a vivir y a esperar. De ahí nació una pregunta más: ¿cómo se construye un pensamiento de este tipo? ¿Qué significa escuchar la vida? ¿Y qué significa hacerlo a la luz de la Encarnación y de la Pascua? Por eso trabajamos en el método, dando vida a las Notas de método para una teología desde el Mediterráneo, un texto escrito en más de un año de trabajo conjunto.
¿Cómo se llega a escribir un texto de manera colaborativa entre personas que provienen de culturas y países diferentes?
Con mucha paciencia y mucha pasión. La paciencia es el aliento de la pasión: sin paciencia, la pasión se cansa y no se puede vivir hasta el fondo. Se hace creyendo que, cuando se razona juntos, cuando se escuchan las razones del otro y nos abrimos al debate entre sensibilidades, culturas y contextos diferentes, emerge algo mucho más hermoso, más profundo y más verdadero. No se trata solo de poner en común varias cabezas que piensan, sino más vidas que se explicitan y más corazones que laten juntos. Es lo que en el texto llamamos el espacio del “entre”, en el cual la luz emerge de manera amable. Es una luz que no se impone, sino que ilumina y abre la mirada. El otro nos hace ver lo que solos no lograríamos ver. No basta con sumar las miradas: hay que entrelazarlas. Es precisamente en el cruce de las miradas, en la frontera, donde emergen las intuiciones más grandes, más hermosas y más verdaderas.
El Mediterráneo es también un espacio marcado por conflictos y tensiones. ¿Esto hace más difícil el diálogo dentro de la Red?
Absolutamente sí. No es nada fácil. Pensar juntos nunca es sencillo. Podríamos explicar muchos episodios en los cuales hemos sentido el cansancio de comprendernos de verdad. Para nosotros ha sido fundamental, desde el principio, dejar de lado la lógica del “nosotros” y el “ellos”. No hay una teología que escucha desde el exterior a los países de África o de Oriente Medio. La teología se construye de manera conjunta. Ante los conflictos, no se trata de hablar desde fuera, sino de escuchar antes que nada el relato de quien vive estas situaciones. Es en este relato donde emergen palabras nuevas. Este relato interpela profundamente nuestra sensibilidad, nuestra fe y nuestra inteligencia, y nos abre a algo más grande que lo que cada uno lleva consigo a partir de su propia experiencia.
¿El trabajo de la Red puede tener una relevancia que supere al Mediterráneo y afecte a la Iglesia universal?
Estamos convencidos de ello. Siempre es en el detalle donde resplandece lo universal. Lo que vale para todos no nace de la abstracción, sino de la inmersión en la concreción de la vida. El Mediterráneo es un contexto único: un mar que separa y une, un espacio de culturas diferentes, de intercambios y de influencias mutuas. A pesar de los muros que se intentan levantar, sigue siendo un lugar de encuentro. Precisamente en este contexto particular emerge algo que puede tener un alcance más general. Por eso sentimos que estamos plenamente insertados en el camino sinodal de la Iglesia, en su camino de reforma y de renovación. Esperamos que esta pequeña realidad que es la Red Teológica Mediterránea pueda contribuir tanto a la renovación de la teología como al camino de la Iglesia en este tiempo. No queremos quedarnos en los márgenes. Pensamos que esta experiencia debe estar plenamente integrada dentro del camino eclesial, y la seguimos construyendo en esta perspectiva.
¿La experiencia del velero “Bel Espoir”, que hemos visto durante este curso, se incluye en este camino?
Sí. También participamos en esa experiencia, sobre todo a través de la implicación de los jóvenes. En cada puerto donde el velero atracaba, había teólogos y espacios de pensamiento teológico que acogían a los participantes. En Nápoles, por ejemplo, además del encuentro con la ciudad y con los jóvenes del territorio, se llevó a cabo un momento importante de reflexión en la Facultad Teológica de Italia Meridional. Reflexionamos juntos sobre la experiencia religiosa como terreno de encuentro entre pueblos, culturas y seres humanos. La posibilidad de reflexionar teológicamente juntos fortalece estos caminos de esperanza y de fraternidad que se construyen en el Mediterráneo.