El espíritu del Círculo Éranos: diálogo, símbolo y el arquetipo como salvación
El Círculo Éranos, fundado en la década de 1930 en Ascona (Suiza), a orillas del Lago Mayor, es una de las experiencias intelectuales y también espirituales que más me fascinan. Me habría gustado estar presente aquellos días para escuchar de qué hablaban y disfrutar de la naturaleza que los rodeaba.
A partir de la conferencia de Toni Pou, enmarcada en los estudios de Mitología y Simbología del ISCREB, descubrimos cómo era este espacio de encuentro interdisciplinario e interreligioso. Un modelo de diálogo ecuménico que nace del deseo de buscar sentido y salvación personal a través del mito y del símbolo.
El origen de Éranos está ligado a Olga Fröbe-Kapteyn, una mujer con inquietudes teosóficas y espirituales que se estableció en la «Casa Gabriela». Influida por el ambiente alternativo y utópico de Monte Verità, una colina de 350 metros de altura situada en Ascona (cantón suizo del Tesino), decidió crear un espacio libre de dogmatismos. En aquel lugar se respiraba el espíritu del nudismo, el vegetarianismo y el librepensamiento, además de la influencia de la Escuela de la Sabiduría del conde Hermann Keyserling. Todo ello inspiró a Fröbe a impulsar el Círculo Éranos.
El propio nombre, propuesto por el célebre fenomenólogo de la religión Rudolf Otto, evoca la idea de un «banquete fraternal» en el que cada participante aporta su propio alimento, en este caso, el conocimiento y la sabiduría espiritual.
El eje vertebrador de los encuentros fue el psicólogo Carl Gustav Jung. Su presencia y su red de contactos atrajeron a intelectuales de primer nivel, configurando un espacio en el que convergían los ámbitos fenomenológico y psicológico.
Para Jung, Éranos fue un laboratorio donde debatir sus teorías sobre el inconsciente colectivo y los arquetipos, esos moldes perceptivos innatos (como la madre, el héroe o el viejo sabio) que se expresan mediante imágenes simbólicas. Desde la perspectiva junguiana, los mitos sirven para amplificar las necesidades internas, convirtiéndose en impulsores del «proceso de individuación» y del desarrollo del ser.
A lo largo de su historia, Éranos atravesó diversas etapas. Una primera fase, centrada en el diálogo entre Oriente y Occidente, el yoga y el misticismo, dio paso, a partir de 1949, a una interpretación del mito. Fue entonces cuando se incorporaron figuras como Gershom Scholem (experto en la Cábala), Henry Corbin (estudioso del islam iraní y del mundo imaginal) y, más tarde, Mircea Eliade, quien compartía la visión de los arquetipos culturales. También participaron teólogos cristianos como Paul Tillich, Hugo Rahner y el dominico Victor White, aunque este último acabó enfrentándose a Jung por sus discrepancias sobre la naturaleza del mal en el arquetipo de Dios.
En su segunda etapa, la trayectoria del círculo no estuvo exenta de sombras. Durante la Segunda Guerra Mundial, la neutralidad de Olga Fröbe se vio comprometida por las concesiones realizadas al régimen nazi para permitir la participación de científicos alemanes, circunstancia que alejó a pensadores como Martin Buber. Asimismo, autores como Eliade recibieron críticas por la tendencia del pensamiento arquetípico a anular la historia en favor del mito.
A pesar de estas tensiones, el legado de Éranos perduró. Gracias al patrocinio de la fortuna estadounidense del matrimonio Mellon y a la continuidad proporcionada por Gilbert Durand y James Hillman, el círculo sobrevivió a la muerte de sus fundadores.
Hoy, simbolizado por el monumento al genius loci (el genio desconocido del lugar) situado en el jardín de Casa Gabriela, Éranos permanece como el dios Hermes: «Un puente entre mundos distantes que nos recuerda el valor del diálogo interdisciplinario y la tolerancia en la búsqueda de la sabiduría interior».