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Cuando la Cuaresma y el Ramadán se encuentran: reflexión y ayuno

Lucia Montobbio

[Artículo original aparecido en Flama] Este año 2026, la Cuaresma cristiana y el Ramadán musulmán coinciden en el tiempo. Aunque el calendario gregoriano y el calendario lunar islámico funcionan de manera diferente, de vez en cuando estas dos celebraciones se encuentran. Este año, incluso, tienen el mismo día de inicio. Esta es una oportunidad para dialogar sobre valores comunes como la introspección, la abstinencia, la austeridad y el acompañamiento al prójimo. Esto es lo que sucede durante el desayuno al que invita Yamna, vecina del barrio de Sant Antoni de Barcelona, pocos días antes de que comience el Ramadán.

La fiesta del Ramadán
“Este año, el Ramadán comienza el 18 de febrero y se prolongará hasta el 19 de marzo con el Aíd al-Fitr, la fiesta que celebra el final del ayuno”, explica Yamna mientras sirve té verde con menta (atay b’na’na), tradicional de su tierra, Marruecos. Se trata del noveno mes del calendario lunar islámico, que empieza tras la luna nueva con la primera aparición del creciente lunar.

Durante este período, “la comunidad musulmana practica el ayuno desde el alba hasta la puesta de sol; nos abstenemos de comer, beber, fumar… rezamos varias veces al día (salat); también está la oración nocturna opcional (tarâwih), en la que se lee el Corán hasta completarlo”, dice. Además, se presta especial atención a los actos de caridad y a la limosna (zakat), y se refuerzan los vínculos con conocidos, amigos y familiares.

“El Ramadán conmemora la primera revelación del Corán al profeta Mahoma a través del arcángel Gabriel”, afirma Yamna. Los días comienzan con el suhur, la comida antes del alba; después siguen las horas de ayuno (mientras hay luz solar), y este se rompe con el iftar, al atardecer, momento en el que familiares y vecinos se reúnen.

Qué se come en el suhur y en el iftar
“Entre los platos típicos durante el Ramadán están la sopa harira, los dátiles, los huevos cocidos y dulces con frutos secos”, enumera Yamna mientras señala algunos de estos alimentos en la mesa que ha preparado. Ha cocinado seffa, un plato que recuerda a fideos finos cocidos al vapor, aliñados con aceite y miel; también hay khobz, panecillos redondos y gruesos que rellenamos de queso, y briouats, pequeños dulces rellenos de frutos secos como cacahuetes o almendras.

“Y esto es el sellum (harina tostada) y estas son las chebakias, dulces que a menudo preparamos para estos días…”, continúa. “Las chebakias están hechas con una masa especiada, con anís, canela, azafrán y sésamo; las frío en aceite y las espolvoreo con miel”, dice mientras vuelve a llenar, generosamente, las tazas de té.

Tan diferentes como semejantes
En paralelo, la comunidad cristiana celebra la Cuaresma, que comienza exactamente el mismo día: este miércoles 18 de febrero, el Miércoles de Ceniza. Durante 40 días, los fieles se preparan para la Pascua a través del ayuno, la penitencia, la oración y el altruismo. También hay dulces típicos que acompañan este tiempo litúrgico. “He traído buñuelos de Cuaresma”, digo, y extiendo la mano pensando que es una aportación muy pequeña la que hago a la mesa que me ofrece Yamna.

Está claro que las prácticas son diferentes. Pero ambas comunidades, musulmana y cristiana, encuentran un sentido similar en los días que llegan. De manera simultánea, se renunciará a hábitos y placeres y se rezará para acercarse a Dios. Una oportunidad que vuelve a confirmar que se puede “caminar unos al lado de los otros” en un proceso común de purificación, oración y caridad, como la Santa Sede ya mencionaba durante el Ramadán 2025. Una oportunidad para pensar juntos en cómo ayunar también “de palabras que golpean y hieren a nuestro prójimo”, como invita el papa León XIV durante la Cuaresma 2026.

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