Agustí Borrell: “El gran reto de la Iglesia es la unidad en la diversidad”
La entrevista que el periodista Jordi Pacheco, de la Agencia Flama, realiza al carmelita y biblista Agustí Borrell (Caldes de Malavella, 1959) repasa su trayectoria y reflexiona sobre diversos retos de la Iglesia y de la vida religiosa en la actualidad. Borrell vive en Roma desde hace casi once años, después de dejar el convento de los Carmelitas Descalzos de Badalona para asumir el servicio de Definidor y Vicario general de la Orden del Carmelo Descalzo, una responsabilidad que implica viajar por todo el mundo coordinando comunidades presentes en unos ochenta países. A pesar de la distancia, mantiene un fuerte vínculo con Cataluña y recuerda con afecto el convento de Badalona: “Todavía tengo muchos libros aquí”, comenta.
En una de sus últimas visitas a la península ibérica, Borrell ha participado en la asamblea de la Federación de las carmelitas descalzas de Aragón y Valencia en el Desierto de las Palmas. Explica que estos encuentros tienen principalmente un carácter fraterno y de apoyo mutuo entre monasterios, que son autónomos pero se coordinan en federaciones. “Las visitas a las monjas son normalmente amistosas y fraternas”, afirma, mientras que en las visitas a los frailes a menudo se revisan aspectos concretos de la vida comunitaria.
El religioso explica que su cargo condiciona mucho su vida cotidiana, ya que exige numerosos viajes y cambios constantes de lugar. Aun así, intenta mantener el espíritu de la vida carmelitana allí donde se encuentra. “Cada uno de nosotros vive la vida carmelitana en circunstancias concretas diferentes”, dice, recordando también que anteriormente ejerció la docencia teológica y que fue profesor del ISCREB. Según él, el servicio de gobierno universal es exigente, pero forma parte de la vocación.
A partir de su experiencia visitando comunidades en todo el mundo, Borrell destaca la riqueza de la diversidad cultural dentro de la Orden. Explica que el Evangelio es el mismo para todos, pero que la forma de vivirlo varía según las culturas, un proceso que la Iglesia denomina inculturación. Sin embargo, reconoce que no siempre es fácil mantener la unidad: “También experimentamos la dificultad de vivir la unidad en la diversidad”.
Este reto puede generar tensiones, especialmente cuando algunas interpretaciones culturales entran en conflicto con el mensaje evangélico. Por eso considera esencial discernir bien los elementos comunes que definen la identidad cristiana y carmelitana. “Con la excusa de la propia cultura, a veces se defienden posturas incompatibles con el evangelio”, advierte, y subraya que mantener la unidad es uno de los grandes retos actuales de la Orden.
La entrevista también aborda la celebración del jubileo dedicado a san Juan de la Cruz en 2026, coincidiendo con los 300 años de su canonización y el centenario de su proclamación como doctor de la Iglesia. Borrell, que ha traducido al catalán el Cántico espiritual, destaca la importancia de esta figura para la tradición espiritual cristiana. “Es un buen momento para recordar esta figura, que tiene un gran relieve para los carmelitas y para la Iglesia en general”, afirma.
Según el biblista, el pensamiento de san Juan de la Cruz puede responder a la búsqueda espiritual que muchas personas experimentan hoy, especialmente en una Europa que se ha alejado de la tradición cristiana pero sigue buscando sentido. “El corazón humano no se llena con menos que infinito”, recuerda citando al santo, y explica que su propuesta espiritual invita a no conformarse con satisfacciones superficiales, sino a buscar una plenitud profunda mediante la purificación interior y la libertad del corazón.
Finalmente, Borrell reflexiona sobre cuestiones eclesiales actuales, como la creciente presencia de religiosos en responsabilidades de gobierno y el papel de la vida consagrada en una Iglesia sinodal. Según él, los religiosos aportan un estilo propio basado en la vida comunitaria y la toma de decisiones colegiada. También advierte de los riesgos del individualismo dentro de la Iglesia contemporánea: “Este individualismo conduce a la dispersión, a la disgregación”, afirma, recordando que la unidad en la diversidad es un reto compartido por toda la comunidad eclesial.