Actuar como «arquitecto sabio» del mundo que viene
La conclusión de la encíclica Magnifica humanitas articula tres exhortaciones que merecen ser ampliamente citadas:
«¡Invirtamos en la educación que empieza por nosotros mismos! Todos necesitamos formarnos para vivir en el mundo digital de manera humana, como parte integrante de la educación en la fe y en la vida virtuosa del Evangelio. Debemos educarnos para considerar el mundo digital como un nuevo continente por evangelizar, que requiere misioneros generosos y maduros en la fe.» (§ 238)
«¡Cuidemos las relaciones! En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad.» (§ 239)
«¡Amemos la justicia y la paz! Las mismas tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro.» (§ 240).
La encíclica se presenta, así, como una llamada a superar la desidia y a ejercer un discernimiento continuo, tanto a escala personal como comunitaria. León XIV recurre reiteradamente a la renovación de la sabiduría como guía para la acción:
«El realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos.» (§ 218)
A pesar de la proliferación de obras y estudios sobre la inteligencia artificial, uno de los aspectos singulares de esta encíclica es el momento mismo de su publicación: aparece en un contexto en el que la rápida expansión de la inteligencia artificial hace necesario un debate de carácter ético, antropológico y social. León XIV interviene, así, mientras este proceso se encuentra todavía en plena expansión, y ofrece una orientación magisterial ante las transformaciones que ya está produciendo.
Desde esta perspectiva, pueden extraerse criterios para discernir las transformaciones que comporta la inteligencia artificial. La propuesta no responde a un rechazo absoluto de la tecnología, sino a la necesidad de un discernimiento iluminado y responsable, propio de un «arquitecto sabio» (§ 236). La tarea que de ello se desprende consiste en construir consciente y conjuntamente, mediante un uso sensato de la técnica y, en particular, de la inteligencia artificial, un mundo amable, orientado al bien común y a un futuro mejor.