El Espíritu Santo: la manifestación de Dios en nosotros
El pasado 13 de febrero, el Seminario Diocesano, en Ciutadella, acogió una nueva charla de teología, con la participación del jesuita Carles Marcet, que habló sobre el Espíritu Santo. Al acto —abierto y de acceso libre para todos— asistieron los alumnos virtuales del ISCREB.
Marcet destacó que cada día el Espíritu llama a nacer a una vida nueva y que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo. Asimismo, manifestó que actualmente se ha perdido la dimensión espiritual y que tenemos el reto de redescubrir que nuestra vida anhela la plena comunión con Dios. En este sentido, señaló que el Espíritu nos impulsa a generar amor y fraternidad, y nos envía a la misión.
El jesuita explicó la importancia del método de la conversación espiritual, que nos invita a expresar tranquilamente lo que nos sucede y a discernir de forma comunitaria. Crecen la confianza, la verdad y la capacidad de escucha para descubrir qué nos pide Dios a través del Espíritu Santo.
En una entrevista publicada el pasado 22 de febrero en el Full Dominical de Menorca, Marcet afirmaba que hablar del Espíritu Santo resulta un tema complejo porque es una realidad más bien desconocida. El Espíritu Santo se mueve en el ámbito del “misterio” y de lo “gratuito”; precisamente —misterio y gratuidad— son cosas que en una sociedad como la nuestra, pragmática y eficaz, resultan “extrañas”. El ponente aseguraba que el Espíritu Santo puede “aparecer” como una presencia viva y sencilla al mismo tiempo.
Al referirse al Misterio de la Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas en un solo Dios—, admitía que ciertamente los números no cuadran, pero explicaba que no nos movemos en el ámbito de la razón y la ciencia matemática. Marcet distingue entre la razón científica, que aspira a resolver “enigmas”, y la razonabilidad de la espiritualidad, que busca aprender a convivir con el “misterio”. Así como el enigma puede resolverse, el misterio solo puede ser acogido y abrazado; el enigma se “toma”, pero por el misterio uno es “tomado”.
Cuando se habla del Misterio de la Trinidad, de tres personas en un solo Dios, Marcet dice que lo que se quiere expresar es la fe en un Dios que no es solitario ni impasible, sino que es comunión y pasión amorosa; un Dios que se nos acerca —que podemos “sentir y gustar”— amorosamente y que nos invita a vivir inmersos y envueltos por ese amor gratuito que Él es y que nos ofrece.
El jesuita recuerda que san Juan lo expresa diciendo: “Dios es Amor”, que el amor es siempre relación y proximidad interpersonal. La plenitud de este Amor se da en la relación interpersonal vivida en el interior de Dios y que Dios nos anima a vivir esta interrelación personal amorosa en nuestras relaciones humanas.