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Una nueva manera de vivir

Vivimos en el mundo del cambio acelerado y de la complejidad; vivimos en la superficialidad. No encontramos tiempo para escucharnos, para ir hacia nuestro interior, para oír el clamor de los necesitados. Tomamos decisiones sin reflexionar, sin preguntarnos cómo afectan a los más débiles. El estudio y el conocimiento profundo de la moral social de signo cristiano, nos podría ayuda a los científicos a ir por la vida con los ojos abiertos y de forma responsable.

Dicha moral tiene por objetivo reflexionar desde el Evangelio sobre las opciones éticas que aparecen en la sociedad. Contempla la interrelación individuo-sociedad y estudia las acciones humanas y las instituciones sociales en relación con la convivencia. Sus propuestas no son un añadido a la ética personal, sino que brotan de la condición social de la naturaleza humana. Integra tres aspectos fundamentales: a) enraizada en la Biblia, sitúa al ser humano y la comunidad en el horizonte de Dios; b) la persona humana y su dignidad es el punto de partida para la reflexión ética; c) tiene en cuenta las estructuras sociales y su derivación moral (potencian y amplifican tanto el bien como el mal individual).

La fe cristiana pide la edificación de un mundo de hermanos y, por tanto, no puede tener nada que ver con la consagración ideológica del orden establecido. El Reino de Dios anunciado por Jesús implica una nueva manera de vivir en la que los unos no marginen a los demás, sino que vivan como hermanos y se reconozcan hijos de un mismo Padre.

El Espíritu nos urge a releer el Evangelio en clave humanizantes social: las tres grandes fuerzas o deseos humanos: el deseo de "tener" (orden económico), el deseo de "poder" (orden político) y el deseo de "ser "(orden cultural) que vertebran la convivencia, deben ser evangelizados si queremos construir la Casa común donde todos vivamos en paz y armonía.