General

Tolstoi: su pensamiento religios en “La muerte de Ivan llitx”

30 de març 2016
El paso de Tolstoi por la historia ha dejado un legado literario y filosófico único. Sin duda, desde siempre su obra literaria, con obras de renombre como Guerra y Paz, Anna Karènina o Resurrección, ha eclipsado su obra filosófico-religiosa. El eco de estas grandes novelas contrasta con el desconocimiento de ensayos relevantes como: Confesión, El Evangelio abreviado o ¿Qué es el arte?, entre tantos. Al escritor ruso se le ha reservado un lugar en la historia como novelista, pero no como pensador religioso. Esto explica que se haya estudiado muy poco el pensamiento moral de Tolstoi, un pensamiento que desde luego está muy presente en su obra literaria.  

Su pensamiento moral queda perfectamente reflejado en la novela de La muerte de Ivan llitx, un texto que en las últimas décadas se ha convertido casi en un tópico sobre la humanización de la cura en el ámbito clínico. Este relato breve cuenta como, Ivan llitx, un magistrado de 45 años se encuentra de repente delante de la muerte después de haber vivido una vida superficial, vulgar y sin sentido. Durante su proceso de muerte, Guerasim, un mujik, esto es, un criado/esclavo de la casa, es el encargado de cuidarlo. Estos dos personajes son los grandes protagonistas de la obra, y representan, de acuerdo con la filosofía moral de Tolstoi, dos modelos antagónicos en la forma de vivir la vida. 

 

 

Ivan llitx, el burgués, representa la vida artificial o inauténtica, porque ha vivido “por si mismo”, olvidándose del Cristo, en cambio, Guerassim representa la vida auténtica “vivida para los otros”, como imagen del seguimiento de Cristo. El primero no acepta la muerte y se revela, en cambio, el mujik lo acepta como si fuera parte de la vida, porque para Tolstoi que vive –como Ivan llitz- por sí mismo ya está muerto antes de que le llegue la muerte corporal. Por eso el primer capítulo de la novela empieza con el anuncio de la muerte de Ivan llitz, para indicar que el juez ya estaba muerto moralmente antes de que le llegara la muerte física. Es lo que Nabokov llama “la muerte en vida”. Guerassim es la encarnación del ideal tolstiano, o dicho de otra manera, Guerassim es el Cristo de Tolstoi. Y la manera como cuida de su amo moribundo permite desarrollar toda una teoría sobre la ética del cuidar en el ámbito clínico. 

 

 

En el capítulo VII, Tolstoi, muestra las virtudes de Guerassim. Se trata de las virtudes imprescindibles para que todo aquél que cuide del otro, especialmente en el contexto sanitario. A través del texto se analizan 10 virtudes: 

 

 

El cuidado por uno mismo: Guerassim cuida de sí mismo, tanto en los aspectos internos como en los externos para poder cuidar al otro. 

 

 

La alegría: Guerassim es una persona que, por naturaleza, siempre está alegre. 

 

La serenidad: Guerassim se muestra tranquilo, nada le altera. 

 

La disponibilidad (generosidad): Guerassim es un hombre generoso, que sabe regalar tiempo al otro. 

 

La comprensión: Guerassim comprende la situación en la que vive el enfermo y por eso le ayuda. 

 

La competencia: Guerassim es un cuidador que demuestra competencia tanto en los aspectos técnicos como éticos. 

 

La confianza: Guerassim a través de su manera de hacer y de ser genera confianza en el otro. 

 

La veracidad: Guerassim es un personaje tan auténtico que acepta las cosas tal como son y como que vive en la verdad no miente nunca a su amo sobre su estado de salud. 

 

La sensibilidad: Guerassim es un cuidador sensible que tiene en cuenta la intimidad del otro, escucha al otro y, también cuida del entorno del enfermo. 

 

El consuelo: Guerassim es el único que puede ofrecer consuelo a la situación desesperada que vive el juez.

 

Tolstoi, en La muerte de Ivan Llitx, muestra de una manera magistral, las virtudes que ha de tener cualquier persona que cuida a los demás.