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Los muros del miedo

El ser humano es un animal de fronteras. Marcamos el territorio que sentimos como nuestro. Nos apropiamos del espacio y nos protegemos para que otros no lo ocupen. Convertimos en propiedad personal lo que hemos recibido como regalo y percibimos como enemigo al que ansía el mismo bien. Estamos a la defensiva.

Los países levantan muros, extienden alambradas, cavan fosos para vivir en la ilusión de la inexpugnabilidad. Se sienten en la obligación de ofrecer a sus ciudadanos un mínimo de seguridad. Los individuos, con nuestros modestos medios, aplicamos estrategias similares. Nos recluimos en lo conocido y recelamos del que viene de fuera: el inmigrante, el refugiado, el diferente...

Por supuesto hay motivos para temer lo que es ajeno a nuestro mundo, pero sin darnos cuenta olvidamos el enemigo interior. Caemos en la trampa del miedo. Pensando que nos defendemos, nos encerramos tras muros de desconfianza. Abrir las puertas es un salto al vacío, pero cerrarlas es una condena.

El ser humano solo es plenamente humano cuando se abre, cuando se relaciona, cuando descubre en el otro a un semejante y no a un extraño. Tal vez el recelo que le suscita no sea más que el reflejo de sus propios fantasmas. Y por altos que sean los muros que construyamos no conseguirán desvanecer nuestras sombras; todo lo contrario, las alimentan.

Las barreras no nos rescatan del miedo, lo acrecientan. Convierten al otro en un presunto agresor. Y tarde o temprano nos sentiremos en la intemperie, porque ninguna muralla resiste el paso del tiempo.

Y lo que es peor, prisioneros de nuestras seguridades privamos a los otros de lo imprescindible. En cambio, compartir lo que presumiblemente nos pertenece es una cuestión de justicia. Conocer al otro es amarlo, respetarlo. Acogerlo es sanar nuestra inseguridad. Atender sus necesidades supone reconciliarnos con nuestra vulnerabilidad. Salir de nuestros muros es el único camino para ser plenamente humanos.

 

Fuente original del artículo: https://www.21rs.es/es/revista-21/3739_Los-muros-del-miedo.html