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La iconoclasia en la abstracción y el atonalismo. Kandinsky y Schönberg

04 de marzo 2019
María Gelpí

 El propósito de este trabajo ha sido señalar la relación existente entre las tradiciones iconoclastas, tanto la judía como la bizantina, y las obras de dos autores pertenecientes a las mismas, cruciales para la comprensión del arte contemporáneo. Ello no quiere decir que no haya otros elementos que hayan condicionado y fundamentado las obras de ambos, pero puede afirmarse que, en ambos casos, la tradición religiosa que los alimenta supone un elemento necesario sin el cual no sería posible la fundamentación que plantean. Sus obras respectivas, con pretensiones de representar lo sagrado, se construyen mediante vía apofática.

En el caso de Kandisnky, la muerte de la figuración, de lo sensible, equivale a lo que para Hegel es, la limpieza y purificación de toda particularidad, que queda sometida al espíritu subjetivo, en el caso concreto del artista.

La idea divina es la unidad absoluta de lo universal y lo singular, de la naturaleza divina y la humana, que solo puede darse de manera dolorosa, sacrificando lo mundano, de manera redentora y mortificadora a favor de lo universal. El proceso, para Schönberg, en el sentido de la dialéctica negativa de Adorno, es una búsqueda constante y estéril, que debe mostrar la imposibilidad en sí misma, desde la temporalidad.

Este argumento y esta imposibilidad, que están en relación con su tradición judía, en las que Schönberg apoya toda su obra Moses und Aron, obra en la que mejor quedan plasmados. En ella da muestra de la cuestión sobre la paradoja de la comunicabilidad-incomunicabilidad divina, no solo a través de la temática, sino a través de sus elementos formales. El sistema dodecafónico, incluyente de toda relación interválica, da fe de lo que no puede oírse, de la disonancia, de lo no comprensible, sin recurrir a la referencia a la tónica.