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Cristianismo e Islam, mitos y realidades

12 de abril 2015

La apologética tradicional cristiana ha visto el Islam como una  herejía que mezclaba elementos del judaísmo y del cristianismo marginal. Este enfrentamiento doctrinal se vio impelido por el enfrentamiento político producido por la expansión y dominio de tierras cristianizadas. Sobretodo de territorios tan emblemáticos como Tierra Santa. A excepción de onerosos casos, como Ramón Llull o las misiones Franciscanas en tierras islámicas, el único diálogo existente durante siglos fue la apologética proselitista.
 

No será hasta del Concilio Vaticano II que la Iglesia, oficialmente, mirará con unos ojos diferentes a los musulmanes reconociendo que adoran a Dios único, y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, que se ha revelado a los hombres. La Iglesia, pues, valora en los musulmanes el sometimiento con todo su espíritu a los decretos de Dios, aunque sean ocultos, el mismo que se sometió a Dios Abraham, padre en la Fe para cristianos y musulmanes. Aunque no reconocen a Jesús como Dios, sí que lo veneran como profeta y honran a su madre virginal María, a quien a veces imploran con piedad. También es valorada la espera del día del juicio final, en el que Dios retribuirá a todos los hombres resucitados, la vida moral y el culto a Dios sobre todo en la plegaria, la limosna y el ayuno.

 


El Concilio reconoce que si bien, a lo largo de los siglos, se han manifestado numerosas disensiones y enemistades entre cristianos y musulmanes, nos exhorta a olvidar el pasado y esforzarse sinceramente en la comprensión mutua, protegiendo y promoviendo juntos, por todos los hombres, la justicia social, los valores morales, la paz y la libertad (NA 3). Esta visión armónica entre las dos religiones choca más que nunca hoy con las atrocidades de determinados grupos islámicos que nos escandalizan y ponen de manifiesto los falsos mitos y las diversas realidades con las cuales tenemos que lidiar para poderla realizar.


Las relaciones islamo-cristianas (J. Jomier): Multiplicidad de situaciones

Hay que ser conscientes que el diálogo viene condicionado por la multiplicidad de situaciones en que se encuentra la convivencia entre musulmanes y cristianos. Este no se vive del mismo modo en un país con mayoría musulmana o con mayoría cristiana, gobernados por estados musulmanes (integristas o laicos) o por cristianos (xenófobos o integradores), etc. Pero, lo que hay que comprender es que estas diferentes situaciones no sólo condicionan la convivencia, sino la comprensión y la formación del diálogo interreligioso. Por eso, muchos cristianos, en la convivencia diaria con los musulmanes cuestionan la presentación teórica del diálogo con el Islam porque no encuentran en estos cuadros generales la realidad cotidiana que experimentan. Por eso, la presentación del encuentro presencial va enfocada a explicar una serie de principios para superar los mitos y entender las realidades del diálogo:

a) Una doble exigencia: la profundización de la propia fe cristiana y el conocimiento de la fe musulmana, para no quedarse en la repetición de tópicos sin tener una base suficiente para poder superar un examen crítico.

b) El reconocimiento de los valores positivos en la fe de las dos religiones (LG 16) que permiten el encuentro de puntos comunes en el plan religioso.

c) La colaboración en el trabajo cívico y cultural para fundamentar principios sólidos sobre la organización de la convivencia social en la promoción humana y el desarrollo que permita aislar actitudes fundamentalistas y xenófobos.

d) El problema de las conversiones, que acontece, el principal motivo de fricción y de rivalidad en la misión. Los cristianos ven en el Islam un proselitismo desleal que se basa en la presión social y la violencia en los países musulmanes. Por otro lado, los musulmanes comprenden la actividad misionera y la misma presencia milenaria cristiana en territorios islámicos como una provocación y blasfemia intolerable.

e) Los problemas de actitudes psicológicas: cómo indica el orientalista Hamilton Gibb, la cuestión de las relaciones islamocristianas no se juega solamente en el terreno de las ideas, ni tampoco de los intereses, sino que factores afectivos y psicológicos que tienen un influjo considerable que hay que tener en cuenta.