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Pentecostés en confinamiento

Maria Claustre Solé - General

El tiempo pasa de prisa aunque el desconfinamiento vaya poco a poco. Y, dado que este tiempo es propicio a la reflexión, podríamos preguntarnos? ¿Tiene sentido celebrar el día del Espíritu, Ruaj en hebreo, en tiempo de pandemia, cuando el futuro se nos presenta envuelto de negras sombras? Personalmente creo que sí y mucho.

 

Para empezar es necesario decir que la primera vez que aparece la Ruaj en la Biblia es en un contexto de caos y de confusión, “tohu wabohu” que en hebreo significa “La tierra era caótica y desolada, las tinieblas cubrían la superficie del océano, y el Espíritu de Dios planeaba sobre las aguas” (Gn 1,2). Y, paulatinamente fue emergiendo la musicalidad de la existencia; es decir, la vida con toda su sinfonía de luz y de color.

 

Más adelante, a raíz del exilio, nos volvemos a encontrar con una situación de caos: “Miré la tierra y vi que era caótica y desolada (tohu wabohu) y en los cielos no estaba su luz” (Jr 4,23). El pueblo se encontraba inmerso en el caos de la desolación, de la inseguridad, de la pérdida.

 

En estas circunstancias, el profeta Ezequiel, bajo la fuerza del Espíritu, pronuncia esta orden que hace que de los huesos secos nazca nueva vida: “El señor me dijo: “Hijo del hombre, profetiza, profetiza en el espíritu.” Dile: “Esto te manda el Seños, Dios soberano: Ven, espíritu, Ve de los cuatro vientos y alienta sobre estos muertos para que recobren la vida” (Ez 37,9)

 

Gracias a la Ruaj de Dios, el pueblo renace de las cenizas. La razón de esto se ha de buscar en la estrecha asociación entre Espíritu y Palabra, un vínculo que ahora cobra nueva fuerza. Por esto, en esta época, gracias al Espíritu, se descubre la Palabra de Dios, van surgiendo los escritos sagrados con un legado precioso dando paso a un verdadero renacimiento.

 

Ya en el Nuevo Testamento podemos ver como toda la vida de Jesús es una manifestación del Espíritu de Dios aunque los suyos no lo acabaran de entender. Después de su muerte, también reinaba el caos y la confusión entre los discípulos reunidos en el cenáculo, confinados por el miedo, la incertidumbre, pero también confiados en las promeses del Maestro y cobijados bajo la protección de María, la madre. Fue entonces cuando el Espíritu irrumpe, revienta el confinamiento, rompe los vínculos del miedo y la incertidumbre. Los discípulos hablan un lenguaje encendido que todos entienden y la comunidad cristiana abre puertas y ventanas para abrazar el mundo entero. Es el gran comienzo.

 

En medio del caos y la confusión generados por la Covid-19, también nosotros nos encontramos confinados y atemorizados. El Espíritu definí la libre voluntad de la relación de Dios con la creación, especialmente con los humanos y sobretodo con su pueblo. Hemos visto como se ha estropeado nuestra relación con el planeta y como están de deterioradas las relaciones humanes. Sí, también hoy nos es necesario el empuje del Espíritu para que consolide tantas familias abrumadas por el duelo; que vigorice e ilumine tantas persones que luchan contra el virus y esperance, anime y fecunde todos aquellos gérmenes que empiezan a brotar, pequeñas semillas que apuntan hacia el sueño de una vida más humana y de una humanidad más solidaria.