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El síntoma como símbolo

Redacció Iscreb - General

El símbolo es un elemento estructural de la vida psíquica. A partir de la relación entre lo simbólico y la psicología analítica de Carl Jung podemos construir una concepción de la persona, y de la enfermedad. También existe un vínculo relevante entre lo simbólico y lo sintomático, y es por eso que la psicología analítica considerará el símbolo en el momento de manejarse en el área sintomática, también en la atención en urgencias.

Para empezar el ponente explica que nuestra vida psíquica se estructura a través de imágenes, imágenes que se van a ir desarrollando a lo largo de nuestra vida. Imágenes entendidas como formas de comprensión y de percepción de la realidad, tanto de nuestro mundo interno, como de nuestro mundo externo. Esta percepción se traducirá en signos, en alegorías y en símbolos.

El símbolo apunta a un movimiento, a un sentido, a un significado que ha de ser desvelado. Tiene una relación asociativa, pero se basta a sí mismo como representación. El símbolo está haciendo referencia a un encuentro, de la emoción hacia la acción desde el punto de vista psicológico: “Cuando me doy cuenta, de mi piel hacia dentro, de una serie de emociones, comportamientos, de los que no puedo dar cuenta, que experimento y no sé por qué, en ese momento puede que me sienta extraño dentro de mí. Cuando lo aboco a fuera, me doy cuenta de lo inabarcable, inconmensurable del mundo, y de lo distinto que soy de los otros.”

Ante esa situación, el Yo, mi pequeña identidad, es como una realidad fragmentada entre lo de afuera y lo de adentro. En ese momento, es muy posible, que uno sienta el deseo de dar forma a eso que se está experimentando, y entonces aparece el símbolo. El símbolo nos permitirá producir una asociación entre esas dos realidades inconmensurables, lo de afuera y lo de adentro, entre las que nos estamos moviendo.

Los yanomanis y el Pore

Pedro Ydascar recupera el ejemplo del Pore de los yanomanis para clarificar esta idea. Los yanomamis son una de las culturas indígenas menos contactadas por Occidente. Los cazadores salen al alba, no de noche, a cazar, y sólo lo hacen los guerreros muy valientes. En la noche no va ningún guerrero porque puede morir, dado que existe un espíritu maligno que se llaman el Pore. El Pore es el símbolo claro de lo que es el peligro en la selva. Con ese símbolo ellos anudan todo su mundo: accion/resposo, casa/preservación. Imagen que une dos mundos, y les permite su integración como indígenas en la selva.

Esto es lo que hace lo simbólico en su dimensión estructural: permite al individuo integrarse como persona, manejarse entre lo que percibe y lo trascendente, con los valores absolutos. El Pore requerirá un comportamiento ético, y un comportamiento moral.

A pesar de que un símbolo o un relato mítico tenga una estructura concreta y un marco histórico particular, consigue evocar en nosotros elementos que este relato encierra y desarrolla. Por ejemplo, recuperando el Pore de los indígenas, que significa para ellos los espíritus malignos nocturnos de los que se deben alejar, nos evoca a nosotros, que estamos en otro contexto, la imagen de peligro. El Pore nos recuerda todo lo que para nosotros es misterioso y tiene una dimensión maligna, todo lo que está fuera y resulta amenazante para nuestra persona.

Las imágenes arquetipales

De hecho, Carl Jung comenta que la vida psíquica se estructura a través de imágenes innatas,  imágenes primordiales llamadas arquetipos. Estas forman parte de la vida psíquica del individuo, no de su experiencia. Por tanto, nacemos con unas imágenes incorporadas que nos permiten nuestro desarrollo y desempeño como individuos. Imágenes que nos permiten entender los mitos de los demás, o coincidir en ellos, ya que estas imágenes primordiales que nos están orientando en este proceso evolutivo, no sólo nos pertenecen a nosotros, sino que nos trascienden a nosotros formando parte de un fondo humano común.

Otro ejemplo evidente es el de los árboles. El árbol como símbolo tiene tres elementos a destacar: conecta el mundo subterráneo (raíces), terrenal (tronco) con el celestial o trascendental (ramas). A lo largo de la historia vemos el árbol en diferentes mitos y culturas: Apolo con laurel, Zeus encina, Osiris con el cedro, Balder con el fresno y el pino, o el tambor cumuco en Venezuela, o la tradición del caga-tió en Catalunya…

La importancia de realizar fantasías

El ponente sigue su exposición hablando del proceso de la individuación y de la importancia que juega la fantasía en este proceso. “Cuando los psicologos y psiquiatras nos acercamos a la individuación, podríamos parafrasear a Piccolo de Mirandola que nos dice que el hombre no ha sido creado ni mortal, ni inmortal; ni terrenal, ni celeste; sino, libre educador para que el forje su propio destino.” Eso nos enfrenta con la incertidumbre, hacia dónde vamos. Cuál va a ser nuestro camino, que se nos presenta a nosotros.

El regente de nuestro proceso de individuación es nuestra capacidad imaginativa. Y la realización de estas fantasías es lo que nos lleva al proceso de individuación.  "Mi vida ha sido la autorrealización del inconsciente", esta es la primera frase que Carl Jung lanza en  "Sueños, pensamientos y recuerdos". Y en eso mismo es en lo que se basa la psicología analítica.

Lo que me mantiene sano es hacer lo que yo considero que tengo que hacer con la menor fricción posible con la realidad. Cuando yo no realizo mis fantasías me enfermo. Todo proceso que me lleva al bloqueo como individuo, en lo colectivo, o en mi sentido y autotrascendencia, me lleva a la enfermedad.

El síntoma y el símbolo

Cuando el Yo pierde la capacidad de hacer equilibrio de opuestos, enferma. Pierde capacidad de establecer conexión entre el mundo interno (fantasías) y el mundo externo (realidad). 

El Yo se puede polarizar y quedarse pegado en el mundo de afuera, viviendo una vida marcada por la supervivencia, por lo inmediato, por lo contingente, y nos lleva a una condición de colectivismo.

También puede resultar lo contrario, podemos sumergirnos en nuestra persona, interioridad, subjetividad, en el máximo lamento y terminar en ibris: lo interior siempre me conecta con lo superior y termino por olvidar la colectividad, identificándome con la divinidad y sufriendo episodios psicóticos.

Cuando el Yo no puede hacer el proceso de simbolización, no logra establecer un equilibrio entre las dos realidades, se produce un síntoma. Un síntoma es una vivencia que no logra integrarse en el complejo del Yo. Rompe con la homeostasis, tiene carácter autónomo, y fuerza los límites de nuestra subjetividad y del mito personal.

Cuando aparece el síntoma, empezamos a preguntarnos. El síntoma nos pone contra las cuerdas de la subjetividad. Nos lleva a cuestionarnos la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Entonces es cuando un síntoma se convierte en símbolo. Porque nos lleva a una dirección, a una búsqueda, a un proceso asociativo, y a trascender la situación que se ha generado.

Si el síntoma me lleva a una pregunta, a una búsqueda, a una dirección, y finalmente a una dimensión simbólica que puede ser dialogada, a una posibilidad de narrar mi mito personal, entraremos de nuevo en una relación curativa.