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El pesebre bajo la escala

Núria Caum - General

Y, como cada año, la pregunta obligada: ¿dónde ponemos el pesebre?

—el año pasado lo pusimos en el recibidor, pero, con el mueble nuevo, puede ser un poco difícil... O, sino, lo podemos poner en la mesa redonda, aunque la ocupa toda y nos saca espacio...

La madre, al final, encontró la solución...

—Lo podríamos poner debajo de la escalera. Podemos poner unas cajas, y encima la madera que tenemos a la azotea, y así, el pesebre quedará un poco elevado.

El día antes de Navidad nos pusimos manos a la obra: cubrimos las paredes de papel fino con estrellitas blancas, construimos los diferentes niveles, colocamos el musgo, los árboles, el corcho... María, paseándose por allá observando cómo iban «las obras» y todas las figuritas intuyendo que pronto serían liberadas de la caja de zapatos. Las luces volvieron a brillar y los pastores se colocaron delante del fuego, esperando a que el ángel viniera. Cada año les hace una visita.

Todos a punto: la señora con el cordero, el señor con la comida en la cabeza, de camino hacia la cueva; el puente sobre el río, la señora lavando la ropa a una hora un tanto intempestiva, a las doce de la noche; el buey y la mula, en el fondo de la cueva, detrás de José y María, y el niño, escondido en el comedor porque todavía no era el día de Navidad.

Después de la misa del gallo apareció el niño en el comedero y, a sus pies, una figurita pequeña con un cordero al lado y unos ojos bien abiertos, probablemente vive más el misterio de Navidad que todos nosotros. Los reyes, ay los reyes! Quisieron hacer una ruta turística por el comedor, antes de dirigirse a la cueva, no querían llegar demasiado pronto... La distancia, bajo la escala, ya se sabe, es corta...

El pesebre debajo de la escala. Los Hombres y las mujeres pasan, suben y bajan, celebran la Navidad, desgastan la escalera de tanto subir y bajar, y no se dan cuenta que bajo ella ha quedado instalado el pesebre. Sí, bajo la escalera, en un rincón de la casa; allá dónde, aparte de alguna planta, no se pone nada.

El pesebre no ha ido a grandes casas, ni a palacios; se ha instalado debajo de la escalera del mundo, entre los pobres, los que no tienen nada, los olvidados, los oprimidos... y a todos se anuncia que Dios se ha hecho presente entre nosotros en Jesús de Nazaret y se mantiene parcial a los ojos de los hombres y mujeres, a favor de los más pobres.

Y nosotros, hemos de saber pararnos al pie de la escala, y mirar debajo, donde normalmente no se mira, en el lugar más olvidado de la casa, porque seguro que allí encontraremos a Dios.