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El Papa Francisco en el país de Abraham

Francesc-Xavier Marín i Torné - General

 El Papa Francisco ha visitado Irak entre el 5-8 de marzo: "Hacía tiempo que anhelaba visitar el país, y sobre todo, conocer a sus habitantes" (video-mensaje antes del viaje apostólico), plenamente consciente de la importancia espiritual de Irak, "cuna de la civilización que está estrechamente ligado a través del Patriarca Abraham y numerosos profetas a la historia de la salvación y a las grandes tradiciones religiosas del judaísmo, del cristianismo y del islam" (Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, 5 de marzo).

El propio Papa proporcionaba la clave de su viaje antes de tomar el avión en Roma, cuando afirma que se trata de una peregrinación que se despliega en una triple dimensión: se desplaza como peregrino penitente, peregrino de paz y peregrino de esperanza. Estos tres conceptos son el enfoque desde el cual el Papa pide analizar sus palabras y gestos. Aún más, es a partir de la dimensión penitencial que las dimensiones de paz y de esperanza adquirirán su pleno sentido. Afirma el Papa: "Vengo como peregrino, como peregrino penitente, a implorar el perdón y la reconciliación tras años de guerra y terrorismo, a pedir a Dios consuelo para los corazones y curación para las heridas" (video-mensaje antes del viaje apostólico). Esta dimensión penitencial se fundamenta "en el signo del patriarca Abraham que une a los musulmanes, judíos y cristianos en una única familia". En efecto, el ejemplo de Abraham debe ayudar a tomar conciencia de que "las antiguas fuentes de sabiduría de vuestras tierras nos guían hacia otra parte, a hacer como Abraham que, abandonándolo todo, nunca perdió la esperanza". Por eso asegura el Papa que "he pensado mucho en vosotros estos años, en vosotros que habéis sufrido tanto pero no os habéis desanimado. En vosotros, cristianos, musulmanes; en vosotros, yazidíes que habéis sufrido tanto". De este modo, el Papa se presenta como un peregrino de paz y de esperanza que, como Jonás en Nínive (ahora junto a Mosul), fue enviado a evitar la destrucción y a animar a recomenzar.

Pero, ¿de qué ha querido pedir perdón el Papa? En todos sus discursos, homilías y oraciones lo ha explicitado haciendo referencia al Documento sobre la fraternidad humana por la paz y la convivencia, firmado por el Papa Francisco y el gran imam de al-Azhar, Ahmed al-Tayyeb, en Abu Dabi el 4 de febrero de 2019 https://www.iscreb.org/ca/comunicacio/actualitat/general/fraternitat-humana-pau-mundial-i-coexistencia-comuna-un-document-islamocristia/111/1/310 El Papa ha recordado con creces que este documento con los musulmanes se encuentra en el origen de su encíclica Fratelli tutti. A este documento programático que compromete cristianos y musulmanes sunitas, ahora se le añade el encuentro en Nayaf con el gran ayatolá Ali al-Sistani, autoridad representativa de los chiítas. Como reconoció Su Beatitud el Cardenal Louis Sako, patriarca de Babilonia de los caldeos, los cristianos iraquíes mejorarán sustancialmente su testimonio si se organizan teniendo en cuenta estos compromisos que Francisco ha establecido con las autoridades del islam ...

En efecto, el Papa ha insistido en que el desastre sufrido por Irak se debe a "conflictos sectarios basados ​​a menudo en un fundamentalismo que no puede aceptar la convivencia de diversos grupos étnicos y religiosos, de ideas y culturas diversas" (Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, 5 de marzo). Y ha recordado que "sólo si conseguimos mirarnos entre nosotros, con nuestras diferencias, como miembros de la misma familia humana, podremos empezar un proceso efectivo de reconstrucción". No habrá paz si no se combaten la corrupción, los abusos de poder y la ilegalidad, y se edifica la justicia para que crezcan la honestidad y la transparencia. "Vengo como penitente que pide perdón al Cielo y a los hermanos por tantas destrucciones y crueldad (...) Que terminen los intereses particulares, esos intereses externos que son indiferentes a la población local. Que se dé voz a los constructores, a los artesanos de paz, a los pequeños, a los pobres, a la gente sencilla que quiere vivir, trabajar y rezar en paz. No más violencia, extremismos, facciones, intolerancias; que se dé espacio a todos los ciudadanos que quieren construir juntos este país, desde el diálogo, desde la discusión franca y sincera, constructiva; a quienes se comprometen por la reconciliación y están dispuestos a dejar de lado, por el bien común, los propios intereses"(Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, 5 de marzo). Y aquí el Papa Francisco concluye su primer encuentro con las autoridades volviendo a citar el Documento sobre la fraternidad humana: "La religión, por su naturaleza, debe estar al servicio de la paz y la fraternidad. El nombre de Dios no puede ser utilizado para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión". Justamente por eso Francisco asegura con contundencia: "También en Irak la iglesia católica debe ser amiga de todos y, a través del diálogo, colaborar de manera constructiva con las otras religiones en la causa de la paz".

Esta apelación directa a la iglesia católica iraquí será el centro de la petición de perdón del resto del viaje papal. En efecto, el Papa ha centrado sus encuentros con las autoridades cristianas a criticar la desunión y la burocratización de las diferentes iglesias cristianas en Irak. El marco general del diagnóstico papal quedó explicitado en la homilía de la misa celebrada en la catedral caldea de San José de Bagdad. En este sermón el Papa menciona dos reacciones que han caracterizado a bastantes cristianos iraquíes: "Y yo, ¿cómo reacciono ante las situaciones que no van bien? Ante la adversidad siempre hay dos tentaciones. La primera es la huida. Escapar, volverse de espaldas, no querer saber nada más. La segunda es reaccionar con rabia, con la fuerza. Es lo que les pasó a los discípulos en Getsemaní; en su desconcierto, muchos huyeron y Pedro tomó la espada. Pero ni la huida ni la espada resolvieron nada. Jesús, en cambio, cambió la historia. ¿Cómo? Con la humilde fuerza del amor, con su testimonio paciente. Esto es lo que estamos llamados a hacer" (Homilía en la Catedral caldea de San José de Bagdad, 6 de marzo). Por eso el Papa recuerda la advertencia del Libro de la Sabiduría: "Quién tiene más poder es sometido a un examen riguroso". Y, pensando en los cristianos que le escuchan en la catedral caldea, pregunta directamente: "Si vivo como Jesús, ¿qué gano? ¿No corro el riesgo de que los demás me pisoteen? ¿Vale la pena la propuesta de Jesús o es un perdedor?". Las bienaventuranzas muestran que la felicidad plena la tienen los pobres, los que lloran, los perseguidos. El poder, la gloria y la vanidad del mundo pasan. Urge un testimonio cotidiano de amor magnánimo, de paciencia para empezar de nuevo y darse cuenta de que, como con el patriarca Abraham, las promesas de Dios se cumplen a través de nuestras debilidades.

La desunión y la burocratización ya fueron uno de los elementos centrales del encuentro del 5 de marzo con los obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas en la catedral católica asiria de Nuestra Señora de la Salvación de Bagdad. Allí el Papa ha sido mucho más explícito. Así, ante Su Beatitud el Patriarca Ignace Youssif Younan y su Beatitud el Cardenal Louis Sako, Francisco recordará que "el cristiano está llamado a testimoniar el amor de Cristo en todas partes y en cualquier momento. Este es el Evangelio que se debe proclamar y encarnar también en Irak". A fin de que este testimonio sea escuchado hay que evitar la deriva hacia la desunión y la burocratización. En primer lugar, Francisco recuerda a los cristianos iraquíes que "dejando de lado todo tipo de egocentrismo y rivalidad (...) el amor de Cristo nos impulsa a la comunión universal y nos llama a formar una comunidad de hermanos y hermanas que se acogen y cuidan los unos de los otros. Pienso en la familiar imagen de una alfombra. Las diferentes Iglesias presentes en Irak, cada una con su ancestral patrimonio histórico, litúrgico y espiritual, son como muchos hilos articulados de colores que, trenzados juntos, componen una alfombra única y bonita, que no sólo da testimonio de nuestra fraternidad, sino que remite también a su fuente. Porque Dios mismo es el artista que ha ideado esta alfombra, que la teje con paciencia y la remienda con cuidado, queriendo que estemos entre nosotros siempre bien unidos (...) ¡Qué importante es este testimonio de unión fraterna en un mundo a menudo fragmentado y rasgado por nuestras divisiones! Todo esfuerzo que se realice para construir puentes entre la comunidad y las instituciones eclesiales, parroquiales y diocesanas servirá como gesto profético de la Iglesia en Irak y como respuesta fecunda a la oración de Jesús de que todos sean uno". (Encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas, 5 de marzo). Y, a continuación, el Papa critica que no se sea particularmente cercano: "Que no os vean como administradores o directores, sino como padres preocupados por el bien de sus hijos, dispuestos a ofrecerles apoyo y ánimo con el corazón abierto (...) No pasemos todo nuestro tiempo en reuniones o tras la mesa del despacho. Es importante que estemos en medio de nuestro rebaño y ofrezcamos nuestra presencia y nuestro acompañamiento a los fieles de las ciudades y de los pueblos (...) Sed pastores, servidores del pueblo y no administradores públicos, clérigos funcionarios. Siempre con el pueblo de Dios y no separados como si fuerais una clase privilegiada".

Por ello, en la visita a la iglesia de la Inmaculada Concepción de Qaraqosh, de nuevo frente a su Beatitud el Patriarca Ignace Yussif Younan, el Papa Francisco recuerda que hay que custodiar los vínculos y las raíces que les mantienen unidos: "Seguramente hay momentos en que la fe puede vacilar, cuando parece que Dios no ve y no actúa". Entonces "el perdón es necesario para permanecer en el amor, para permanecer cristianos". Y concluye apelando al "triunfo del amor fraterno que respete las diferencias, las diferentes tradiciones religiosas, y que se esfuerce por construir un futuro de unidad y colaboración con todas las personas de buena voluntad".

Este planteamiento se reanuda en la homilía de la misa en el Estadio Franso Hariri de Erbil el 7 de marzo. Allí el Papa recuerda que Jesús nos revela la fortaleza y la sabiduría de Dios "no con demostraciones de fuerza o imponiendo su voz desde arriba ni con largos discursos o exhibiciones de un conocimiento incomparable". Por eso advierte de "la tentación de responder a los hechos dolorosos con una fuerza humana, con una sabiduría humana". Y el Papa recurre al episodio de Jesús expulsando a los mercaderes del Templo porque habían hecho de él un lugar de desorden y confusión: "Necesitamos eliminar de nuestra Iglesia la nefasta sugestión del poder y del dinero. Para purificar el corazón necesitamos ensuciarnos las manos, sentirnos responsables y no quedarnos de brazos cruzados mientras nuestros hermanos sufren". Por eso el Papa, al terminar la misa junto a Mar Gewargis III, Catholicós-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente, y los arzobispos Bashar Matti Wardi y Nizar Semaan, se despide pidiendo "que no se discrimine a nadie ni se abandone a nadie".

El encuentro interreligioso en la llanura de Ur del día 6 y la oración por las víctimas de la guerra en Mosul el día 7 han representado, de alguna manera, la contraparte del viaje. La desunión y la burocratización denunciadas los días anteriores dejan ahora paso al encuentro fraternal. En Ur Abraham comenzó un viaje que cambió la historia y del que cristianos, judíos y musulmanes son el fruto. "Fue precisamente a través de la hospitalidad, rasgo distintivo de estas tierras, que Abraham recibió la visita de Dios (...) Nosotros, hermanos y hermanas de diversas religiones, aquí nos hemos encontrado en casa y desde aquí, juntos, queremos comprometernos para que se realice el sueño de Dios: que la familia humana sea hospitalaria y acogedora con todos sus hijos y que, mirando el mismo cielo, camine en paz en la misma tierra". Los testimonios que intervinieron en este encuentro interreligioso muestran que "el más allá de Dios nos remite al más acá del hermano": los jóvenes musulmanes y cristianos de Mosul han colaborado en la reconstrucción de iglesias y mezquitas, tejiendo así amistades fraternales sobre los escombros del odio; el profesor musulmán Ali Thajeel organiza las peregrinaciones a Ur y facilita la celebración de eucaristías para que los lugares sagrados continúen siendo oasis de paz y de encuentro para todos; el cristiano Dawood y el musulmán Hassan han estudiado y trabajan juntos para construir un futuro de fraternidad; Najy, una sabea mandea, perdió la vida intentando salvar a unos vecinos musulmanes.... En estos testimonios el Papa Francisco ve el fruto del viaje inicial de Abraham que fue un camino de salida, de sacrificios y renuncias: "También a nosotros nos pasa algo parecido. En el camino estamos llamados a abandonar estos vínculos y apegos que, encerrándonos en nuestros grupos, nos impiden acoger el amor infinito de Dios y ver a un hermano en los demás. Necesitamos salir de nosotros mismos para que nos necesitamos los unos a los otros". Cuando todo parecía perdido, Abraham esperó contra toda esperanza: "necesitamos, como el gran patriarca, dar pasos concretos, peregrinar para descubrir el rostro del otro, compartir recuerdos, miradas y silencios, historias y experiencias".

"No habrá paz mientras los demás sean ellos y no parte de nosotros", decía el Papa en Ur. "¿Dónde puede empezar el camino de la paz? En la renuncia a tener enemigos". Por eso en Mosul, en la oración por las víctimas de la guerra, ante el arzobispo Najeeb Michaeel, los testimonios de Raid Kallo y de Gutayba Aagha visibilizan la acogida, el respeto y la colaboración armoniosa entre cristianos y musulmanes: "Reafirmamos nuestra convicción de que la fraternidad es más fuerte que el fratricidio, la esperanza es más fuerte que la muerte, la paz es más fuerte que la guerra". Jonás fue enviado por Dios a Nínive-Mosul porque veía "cómo la maldad de los hombres subía hasta el cielo". "Nosotros -dice el Papa-, absortos en nuestras preocupaciones y ambiciones demasiado terrenas, a menudo olvidamos los designios de paz y armonía. Nos hemos encerrado en nosotros mismos y en nuestros intereses particulares, e indiferentes a Dios y a los demás, hemos cerrado las puertas a la paz". Allí en Mosul, la mezquita al-Nuri y la Iglesia de Nuestra Señora de la Hora dan testimonio del drama resultado de "no dedicar el tiempo al servicio del amor sino de nuestros intereses egoístas, personales o de grupo".

El Papa ha recordado que los cristianos, musulmanes y yazidíes conforman comunidades mártires en Irak. Todas ellas han sufrido el azote de la guerra, del sectarismo y del terrorismo, y ahora deben recuperar la confianza mutua para renacer juntas. Justamente por ello impactan tanto las palabras del Papa dirigidas a los periodistas durante el vuelo de regreso a Roma. Afirma Francisco que se ha sentido honrado de ser recibido por el gran ayatolá al-Sistani, al que califica de uno de los grandes maestros espirituales actuales, un sabio humilde, una luz universal, un hombre de Dios. Y, como la sabiduría de Dios está esparcida por todo el mundo, su intención visitando a al-Sistani ha sido ayudar a que muchos cristianos le descubran como un gran referente de la fraternidad universal. Y, en contraste, la respuesta del Papa a la pregunta de si ha sido consciente de que este viaje era peligroso: decidió libremente, y después de muchas oraciones, ir a Irak. El peligro no está allí, afirma el Papa, sino en los entornos cristianos que le acusan de ser "un inconsciente, de ir contra la doctrina católica y de estar a un paso de la herejía". Estos no han logrado silenciar al Papa en su proyecto de avanzar en la fraternidad de la mano de los musulmanes, y su voz ha resonado, potente y clara, en el país de Abraham.

                                                                                                             Francesc-Xavier Marín i Torné