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El drama de los refugiados y de la hipocresía de Europa

Antoni Matabosch, director ISCREB - General

El pasado día 8 de febrero el Parlamento de Catalunya acogió la celebración de la “Semana de la armonía interconfesional” decidida por la ONU en el 2010. El acto fue organizado por el Grupo de Trabajo Estable de Religiones (GTER). 
 
Todas las intervenciones, desde la Presidenta del Parlamanto, el representante de ACNUR, la Samaritan’s Purse (organización evangélica de ayuda) a Caritas, denunciaron desde los diferentes puntos de vista el drama de los refugiados y la hipocresía de los Estados europeos, en concreto del gobierno español. 
 
En el mundo hay en estos momentos unos 60 millones de refugiados, personas que han huido de su casa por causas políticas, de guerra, etc. No se ha de incluir en este concepto de refugiados a los emigrantes por razones económicas, que son muchos más. 
 
Es difícil determinar exactamente los refugiados que ha provocado el conflicto de Oriente Medio, en todo caso son algunos millones, que más de la mitad están en Turquía y los otros vagan por Europa. Muchas organizaciones cristianas de diferentes confesiones están trabajando mucho para atender las familias en su largo exilio.
 
Un aspecto muy doloroso es la actitud de muchos de los estados europeos. Alemania hasta entonces se ha mostrado generosa. Hay quien cierra completamente sus fronteras (es el caso de Polonia y otros del Este). Algunos intentan hacer pagar a los mismos refugiados los gastos que generan (Dinamarca). Otros prometen con la boca que los acogerán, pero retrasan todo lo que pueden la entrada. Este es el caso del Estado Español que se ha comprometido a acoger 170.000, pero que hasta ahora sólo han dejado entrar a 15.
 
En Catalunya ya hace meses que existe un comisionado encargado de preparar la acogida, que ha coordinado las entidades dispuestas a ayudar, ha sensibilizado a la población. El Comisionado nos dijo que un país como Catalunya que es capaz de acoger a cientos de miles de inmigrantes económicos, no ha de tener ningún problema en acoger miles de refugiados.  
 
En el año de la misericordia tendremos que tener bien presente que “acoger al extranjero” es un deber cristino incuestionable.