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"El adviento nos ayuda a vivir a fondo nuestra condición de bautizados"

Jaume Aymar - General

Distraídos

Jesús propone a quien le escucha la aventura de Noé. El problema del tiempo de Noé es que la gente no veía lo que pasaba, estaban distraídos, vivían distraídos. Se daba por supuesto que Noé había advertido a sus contemporáneos, y no le habían hecho caso. Y había emprendido la aventura de aquella arca salvadora. En tiempos de Jesús también iban distraídos.

Jesús los avisa a todos, les habla alto porque quiere que salgan de su hermetismo, que no vivan solos y empieza a construir el arca de la Iglesia, un recinto para vivir atentos. En esta misma línea, la carta de San Pablo a los cristianos de Roma invita a sus coetáneos a tomar consciencia del mundo en el que vivimos. “Ya es hora de levantarnos”. Estas fueron las palabras que decidieron a un joven inquieto que s llamaba Agustín a convertirse, y resultó luego cristiano, obispo, y padre de la iglesia occidental: san Agustín.

Cuántas personas hoy viven distraídas, ausentes, y una distracción, al volante por ejemplo, o encima de un andamio, puede ser moral. Cada uno de nosotros tenemos también nuestras propias distracciones, y a menudo, nos hemos de arrepentir. Todos los educadores os dais cuenta de cómo el contacto continuo con las pantallas, los chats, las redes, lleva a personalidades dispersas.

 

¿Cuál es el motivo de la distracción?

Cuando hablamos de ídolos, solemos referenciar al poder, al dinero, al placer fácil… pero existe otro ídolo al que olvidamos, y es aquel al que más adoramos: el líder del bienestar. El bienestar es justo y necesario, hasta para hacer el bien necesitamos cierto bienestar, pero no podemos hacer de él un absoluto. Menos cuando alrededor nuestro, existen persona que lo pasan mal. El Evangelio advierte que el riesgo del fracaso es trascendental. De dos que tengan una idéntica situación externa de vida, y de trabajo, si uno ha escogido vivir con actitud negativa delante de Dios – el pecado- sufrirá una eterna falta de felicidad.

 

El adviento y el bautismo

El adviento es un tiempo pedagógico, para tomar conciencia de que hemos de estar atentos a los signos del tiempo, y que por tanto, si hemos de sacrificar nuestro bienestar para procurar el bienestar de los otros, lo hemos de hacer.

Las grandes figuras del adviento: Isaías, Joan Bautista, María y José, nos lo recuerdan: son personajes que no han vivido aislados, recluidos, cerrados en si mismos; si no que han despertado, han mirado la realidad y se han preocupado por los otros. Adviento es reconocer que Jesús viene a nosotros en cada ser humano y en cada acto, pero si tenemos los sentidos embotados, no lo podremos reconocer. El doctor Jordi Gol solía decir que vivimos en una sociedad anestesiada. Por tanto, abramos los ojos, miremos hacia delante y hacia fuera.

La Escritura dice que ocho fueron los salvados de las aguas: Noé, su esposa, y sus hijos Sem, Cam y Jafet, y las tres nueras. Por eso, las tres religiones abrahmánicas lo consideran el padre d la humanidad. Dicen los expertos que por eso también, las pilas bautismales antiguas, simbólicamente eran octogonales, porque de la misma manera que Noé y los suyos fueron salvados de las aguas, cada bautizado es también sacado del agua. En el bautismo nos incorporamos a la muerte y la resurrección de Jesús – con-morimos con él, para con-resucitar con él.

El adviento nos ayuda a vivir a fondo nuestra condición de bautizados, de hombres y mujeres que viven la libertad de los hijos de Dios, libres para amar, construyendo arca, formando grupo, y librándose a otros generosamente.

Fuente original de la homilía: http://jaumeaymar.blogspot.com/