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El acompañamiento espiritual en las prisiones

Miguel Ángel Jiménez - General

Miguel Ángel Jiménez se diplomó en el ISCREB en Ciencias Religiosas. Está jubilado y colabora como voluntario en la prisión de BRIANS acompañando presos. También colabora como diacono en la parroquia de Sant Miquel de Molins.

A partir de su experiencia, Miguel Ángel explica que un pasado difícil es lo que una a las personas que acompaña en BRIANS. La vulnerabilidad de la circunstancia en la que han crecido ha dificultado su inserción en el orden de convivencia.

Son  personas que no han podido terminar la escolarización,  que han tenido una estructura familiar frágil, frecuentado un círculo de amistades tóxico, que tienen una baja autoestima, bajos niveles económicos, o han sufrido situaciones de exclusión social…etc.

En resumen, afirma que su denominador común no es sólo el de la pobreza económica, sino que también la escasez de oportunidades para desarrollar su vida de forma digna.

Recuerda que el preso, como el resto, tiene también una vida que merece ser vivida de forma plena, como hijo de Dios. El preso también tiene sueños, ama, sufre, quiere comunicarse, quiere que le escuchen…etc.

El acompañamiento para los presos es imprescindible, ser escuchados puede ayudar al equilibrio psicológico. En los casos que se desea, se puede ir más allá, y ofrecer un acompañamiento espiritual.

“Acompañar espiritualmente a alguien supone, también, acompañarse a uno mismo, en tanto que a través del contacto en profundidad con otra persona surgen vivencias, emociones profundas que estaban aquí y que emergen con fuerza en el trato personal”, explica Miguel Ángel Jiménez.

Si quieres leer más sobre su experiencia, puedes leer aquí su artículo entero:

El acompañamiento espiritual en las cárceles