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Alianza del Espíritu para una humanidad en crisis

Joan Gimeno Prats - General

Afirmar que vivimos en un mundo en crisis ya no es sinónimo de parecer un profeta apocalíptico, un líder mesiánico, un político populista de izquierdas o un anciano con melanconía repitiendo que cualquier tiempo pasado fue mejor. No, por desgracia para la humanidad y para el planeta que nos acoge, la crisis, o mejor dicho, las diferentes crisis: moral, económica, política, medioambiental, etc..., nos han estallado a la cara y por ahora no sabemos muy bien como reaccionar.

Algunos dirán, con razón, que a lo largo de la historia de la humanidad, e incluso desde los orígenes de la evolución de la vida al planeta Tierra, de crisis, de periodos de caos y transformaciones violentas y repentinas ha habido siempre: desde la extinción de los dinosaurios a finales del Cretáceo hasta la desaparición del Imperio romano, desde el fin del mundo maya en Mesoamérica hasta el ocaso del mundo del Antiguo Régimen en Europa.

 

Todos estos periodos finales han llevado también, efectivamente, sufrimiento e incertidumbre. En todos ellos (bien, en todos menos seguramente en el Cretáceo inferior) también se levantaron voces que decían que el mundo se acababa, que se vivían los últimos tiempos. Y en cierta medida era cierto, pues muchas culturas y maneras de entender el mundo han acabado y después han aparecido otras nuevas. Aisí pues, ¿qué es lo que hace diferente esta crisis?

 

Personalmente creo que hay, como mínimo, dos características que provocan que esta crisis sea diferente de otras. La primera sería la extensión. Esta es una crisis global que abarca el conjunto de la humanidad. Si en otros periodos de tiempos o lugares geográficos eran culturas, civilizaciones o imperios los que entraban en crisis y muchas veces incluso llegaban a periclitar, hoy en día nos encontramos que es la pràcticament la totalidad de la humanidad la que se encuentra inmersa en la crisis.

 

Y en buena parte esto es debido al hecho que, con honrosas y concretas excepciones, la inmensa mayoría de la humanidad ha aceptado con entusiasmo el mito de Occidente (la manera de hacer que tiene esta civilización llamada occidental). Dentro de este mito se encuentran todas aquellas formas económicas, políticas, sociales y religiosas que le son propias y que forman un Weltanschauung pero que, como pasa en todos los mitos, las personas que nos encontramos inmersas no llegamos a ver, precísamente para pertenecer a él.

 

Este mito, por primera vez en la historia de los mitos, ha tenido la pretensión de ser universal, es decir, de abarcar toda la humanidad, y lo que es peor, la mayor parte de la humanidad lo ha acabando comprando muchas veces acríticamente. Esto nos llevaría a intentar ver cuál es el atractivo de este mito occidental para ser aceptado e incluso deseado por tanta gente proveniente de mitos (cosmovisiones, culturas, etc..) diferentes.

 

Pero lo tendremos que dejar para otra ocasión y quedarnos con la evidencia que por primera vez una visión del mundo, un mito, ha acontecido global. La otra característica de la crisis sería que todos los factores que lo han desatado tienen causas antrópicas, es decir, que no ha hecho falta esperar a que nos cayera un meteorito, ni a entrar en una era glaciar, ni a sufrir una gran variación del eje terrestre para encontrarnos en una situación límite.

 

No, a esta crisis hemos llegado nosotros solitos. Es por lo tanto, la propia humanidad la que está en crisis y no como se escucha tantas veces el hecho de vivir en un mundo en crisis. El mundo, el planeta, nuestra casa común en palabras del papa Francisco, es lo que sufre las consecuencias. De hecho es toda la Creación la que gime y sufre dolores de parto. Y no solo ella, sino también nosotros que poseemos el Espíritu como primicia de lo que vendrá (Rm 8, 22-23.ª).

 

Ya hay muchas personas conscientes de esta situación. Y especialmente penetrante es el grito de protesta de tantos y tantos jóvenes que que tienen la sensación de que todo se va a pique, de que nada tiene sentido. Sensible a todo ello, un Mbombog (gran sacerdote) de los basaa del sur de Camerún lanzó una propuesta hacia Occidente: Pelle Maha (casa grande en lengua basaa), un espacio de reflexión desde difrentes tradiciones religiosas del mundo que miran con ojos críticos los tiempos en los cuales nos ha tocado vivir.

 

Pelle Maha según su impulsor el Mbombog Badjang, se podría convertir en un tipo de modesta alianza del Espíritu que agrupara a personas y grupos de diferentes tradiciones que sientan la necesidad de expresar su punto de vista sobre la Realidad desde la esperiència tradicional o religiosa. Esta iniciativa fue recogida en Barcelona por Ferran Iniesta, profesor emérito de historia de África a la UB que junto con otras personas de diferentes sensibilidades religiosas, pero siempre dentro del campo tradicional (un día sería bueno debatir en profundidad qué es lo que se entiende por Tradición), lo intentamos desarrollar en un eje que a día de hoy hermana el territorio basaa en el Camerún, Cataluña y Quebec. Esta iniciativa no pretende ser la solución a nada en concreto, ni tenemos la receta para salir de la crisis en ninguno de sus aspectos. Pelle Maha solo intenta ser una pequeña rendija de luz para todas aquellas personas con sensibilidad religiosa, espiritual, tradicional o llamémoslo como queramos que todavía confían – confiamos - que cualquier salida de la humanidad pasa para apostar otra vez por el Espíritu.

 

Los cimientos, si se tienen que rehacer o si se tienen que volver a poner, tienen que empezar por el Espíritu y esto es algo que tendrá que interpelar a todas las tradiciones. Pelle Maha cuando menos, puede ser un buen instrumento. Podéis leer más sobre esto en: www.pellemaha.com